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IGNACIO RAMONET
León

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LO MÁS CHOCANTE de la nueva hambruna en el sur de Níger -y que afecta también a Burkina Faso, Mali, Mauritania y Tchad-, es que se produce cuando los Estados mas ricos del mundo, reunidos a principios de julio en Gleneagles (Escocia), declararon (no sin cierto cinismo) que 2005 sería el año de Africa¿ También escandaliza porque, hace a penas dos meses, cuando ya la catastrofe era evidente, Estados Unidos, ingorando el drama, no dudo en gastar millones de dolares en unas maniobras militares conjuntas con estos países en el marco de la Iniciativa Transahariana de Lucha Contra el Terrorismo¿ Y sobre todo porque esas hambrunas eran previsibles desde que una plaga de langosta arraso los cultivos en el Sahel en año pasado. En octubre del año pasado, el Programa alimentario mundial (PAM) de la ONU constato que las cosechas, diezmadas por las langostas, no iban a alcanzar, y lanzó un llamado a la ayuda internacional. Se necesitaban unos quince millones de euros. Pero casi nadie respondió a ese grito de auxilio. A primeros de junio pasado, apenas se habían obtenido unos 4 millones de euros. Suma insuficiente para ayudar a tantos hambrientos. Sólo en el sur de Níger, en la región de Maradi, frontera con Nigeria, se estima que 3,5 millones de personas (sobre un total de 11,5 millones de habitantes) estan hambrientas. Miles de niños se hallan en peligro de muerte. Hace un año, menos de un euro por niño y por día hubiera bastado; ahora, a causa de la imprevisión, más de 70 euros seran necesarios para salvar a cada criatura. Pero una parte de la culpa la tiene la lógica neoliberal que el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Unión europea y otros organismos mundiales están imponiendo en esta región. Por ejemplo, presionado por estas instituciones, el presidente de Níger, Mamdiou Tandja, reelecto en diciembre de 2004, tuvo que instaurar -a pesar de la amenaza concreta de hambruna- una tasa de 19% sobre los alimentos de primera necesidad que está agravando el cataclismo entre los pobres. Por otra parte, los bancos cerealeros locales, subvencionados por el Estado, que impedían la especulación causada por la penuria, han dejado de funcionar por orden del FMI. Consecuencia: los precios del mijo (principal cereal consumido aquí) se han disparado. Antes de la crisis, un saco de cien kilos de mijo costaba unos 15 euros, hoy ese mismo saco cuesta casi 34 euros¿ El doctor Mego Terzian, coordinador de la ayuda de urgencia en el sur de Niger, y Johanne Sekkenes, jefe de la mision de Medicos sin fronteras, aseguran: «A pesar de que, a causa de las malas cosechas de 2004, los graneros de mijo se han vaciado, hay alimentos en los mercados. El problema es que, por la penuria y por retenciones de carácter especulativo, sus precios alcanzan niveles prohibitivos para la mayoría de la población». Terzian y Sekkenes añaden: «En esas condiciones, las consignas de las agencias de la ONU que preconizan la venta de alimentos a precios moderados es criminal. Lo que habría que hacer es organizar de inmediato distribuciones gratuitas». Esto demuestra que, en situaciones de verdadero desastre humanitario, el dogmatismo neoliberal mata.

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