EN EL FILO
¿Sobreactúa el Gobierno?
PARA CORREGIR o evitar un error político no es imprescindible hacer todo lo contrario de lo que constituyó aquel error. Es bueno, eso sí, que no se repitan ahora las mismas decisiones que enguirnaldaron la catástrofe del Yak-42, pero instalar el trágico accidente, por ahora supuesto, del helicóptero en el que han perdido la vida diecisiete militares españoles en Afganistán bajo la claridad tecnológica de una videoconferencia habría sido lo que algunos observadores han calificado de sobreactuación. En muy poco se parecen los dos sucesos, al margen del profundo dolor humano que han producido. Pero hay una pregunta que se hizo entonces y se repite ahora: ¿que hacían allí nuestros soldados y qué hacen actualmente en el inestable sector afgano de Herat? La respuesta no la da ni la videoconferencia de anteayer, a pesar de su despliegue argumental, ni el matizado discurso de los portavoces oficiales. Bien es cierto que una presencia militar bendecida por la ONU, aprobada en el parlamento español y decidida por el Gobierno disfrutaría de justificaciones suficientes. Pero la justificación esencial es de índole más bien pragmática: un país como España, con diversos grados de protagonismo en Europa, amplias zonas de Hispanoamérica y el Norte de África, debe mostrarse solidaria con la comunidad internacional. Y la comunidad internacional, por medio de las Naciones Unidas, se ha implicado en el presente y en el futuro afgano. La retirada de Afganistán, o la no presencia allí, sería una actitud de desentendimiento más bien irresponsable. (La retirada de Irak, aunque tuvo y tiene su precio, no habría sido una irresponsabilidad sino un rechazo a las doctrinas apologéticas de Administración norteamericana, cuya aplicación produce serios problemas, tal vez mayores que los que intentaba resolver). Era de esperar y de lamentar que la muerte de diecisiete militares en Afganistán empiece a politizarse, tras sólo unas horas dedicadas por todas las fuerzas políticas a la solidaridad con las Fuerzas Armadas y las familias de las víctimas. Y era de esperar por la acumulación de agravios que la oposición actual recibió de la anterior. Pero ¿ha sobreactuado el Gobierno con la videoconferencia que terminó sin precisar la causa exacta del desplome del helicóptero? Esa videoconferencia respondía al deseo de transparencia y claridad que los ciudadanos esperan de la vida pública, y que les ha sido negada tantas veces. Pero sienta un precedente que podría volverse contra el Gobierno si se exigirse que el consejo de ministros se televisara en directo, pues allí se debaten y deciden cuestiones que afectan muy directamente a los españoles y a sus bolsillos, a su salud, a su bienestar... Claridad meridiana y permanente en la gobernación.