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ANTONIO NÚÑEZ
León

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MIENTRAS los bomberos hacen horas extras en un país que está que arde la clase política pasa las vacaciones echando leña al fuego. Como había poca calentura en agosto con los estatutos vasco, catalán y gallego y el rollo ese de las nacionalidades, que huele a chamusquina, se va a reformar también ahora el estatuto de Castilla y León, que para cuatro y el cabo que quedábamos aquí nos sobraba. Para empezar IU, cuya tropa cabe en un taxi, reclama nuestro reconocimiento como «nación», que se pague no se sabe aún qué deuda histórica y que se reconozca el derecho a un «autogobierno pleno». Se exige igualmente el reconocimiento oficial del castellano como lengua propia, coño qué novedad y va en serio, lo que como punto de partida del nacionalismo pancastellanoleonés -o como se escriba- no está mal, habida cuenta de lo mucho que repoblaron los ancestros por los siete mares de acá para allá y eso que aquí no había playa. Y, efectivamente, tomando como base logística el castellano tenemos ya rodeado a Bush desde Texas a Los Angeles y, por poco, a los chinos, si, además de a la Preysler, la filipina nacionalizáramos la Mahou. Luego va CC.OO. y reivindica que el futuro estatuto incluya el «derecho al pleno empleo», cosa que, a su vez, se conseguirá si prosperan las tesis del secretario regional del PSOE, señor Villalba, el cual quiere reparcelar la autonomía por comarcas, cada una con su secretario. Con lo bien que se vivía antes aquí. Y sin problemas. Si no fuera por la Cultural.

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