LA VELETA
Un marco para todos
RECUÉRDESE la sucesión de acontecimientos: advierte el secretario de organización del Partido Socialista, José Blanco, que el Estatuto catalán y sus insatisfactorias negociaciones para su elaboración están alejando a los ciudadanos del partido socialista y del Estatuto mismo. Se enfadan Maragall, Nadal, Saura..., y reclaman a los socialistas no catalanes que se abstengan de participar en el debate y que, sencillamente, se callen, en este difícil trance. La vicepresidente del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, se hace eco de este deseo de Maragall y los suyos y prefiere no opinar sobre si es o no constitucional el texto del borrador que se discute entre los partidos catalanes. Y parece que, en efecto, se avanza en Barcelona: Artur Mas ofrece su apoyo a Maragall para pactar el estatuto a cambio de un texto que no padezca «las rebajas de Madrid» mientras se asiste a una cierta reconciliación de Maragall y Esquerra Republicana de Cataluña tras un verano a ratos agónico, en los esfuerzos por cerrar los capítulos aún problemáticos de ese futuro Estatuto. Así las cosas, llega José Bono, tras haber aparcado durante un momento su condición de ministro de Defensa, y opina en su otra consideración de «barón revelante» del PSOE, nada dispuesto a acatar la orden de «que se callen» de Maragall. Y dice Bono que ninguna autonomía puede pretender un marco legal diferente del que la Constitución prevé para todas. José Bono, que ha aprovechado el verano para quitarse unos cuantos kilogramos «para mantenerme en forma y aguantar las maratonianas horas de trabajo». Abunda sobre los futuros estatutos: «Para los socialistas, la prioridad es la defensa activa de la igualdad de los ciudadanos. Y nos opondremos frontalmente a todo planteamiento anticonstitucional, venga de donde venga». Cuando la Constitución habla de nación lo hace para referirse a la española, y cuando habla de nacional lo hace para referirse a la soberanía del pueblo español. Lo demás es literatura, dice, antes de rechazar la posibilidad de entender a España como «nación de naciones», tal y como propone su compañero de partido, Pascual Maragall. «Las naciones son las comunidades político-territoriales que disponen de un Estado», dice tajante. E insiste: «La Constitución reserva el término nación para referirse siempre a España, exclusivamente». Ciertamente, el bueno de José Bono habrá provocado un profundo enfado en Maragall y sus socios de Esquerra Republicana de Cataluña y de IV. Pero no caben dudas ni del relieve del personaje ni de la oportunidad de sus opiniones.