EN POCAS PALABRAS
Estupidez humana
LA ESTUPIDEZ humana tiene una linde tras la cual se abisma en el ridículo. Y esta frontera acaba de ser traspasada por el presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, quien acaba de aportar su grano de arena intelectual al proyecto de nuevo Estatuto aragonés: «blindar» el Ebro para evitar nuevas «amenazas» como la «sufrida» con el proyecto de trasvase. Mudar de opinión es de sabios. Pero la pretensión de adueñarse de bienes naturales que por definición son de dominio público, vetándolos rigurosa y dogmáticamente al disfrute de otros conciudadanos menos afortunados, es, además de profundamente reaccionaria, hilarante. Al margen de la pedagogía perversa que este particularismo exacerbado despliega, es obvio que también incluye un mensaje intelectualmente empobrecedor. Ya se sabe que nuestra política raramente presenta las exigibles dosis de grandeza que cabría esperar en un país desarrollado, pero todo tiene sus límites: cuando el disparate rebasa determinado umbral es inhabilitante, y el PSOE debería estar pensando en retirar a este prohombre que lo desacredita con sus ditirámbicas excentricidades.