Diario de León
Publicado por
AGUSTÍN JIMÉNEZ
León

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LAS ELECCIONES afganas se han desarrollado con normalidad, igual que las alemanas. Un rasgo común de ambas es que a estas horas se ignora quién las ha ganado, lo que resulta original en unas elecciones. También es curioso que, cuando el viejo mundo no sabe cómo resolver sus resolver sus elecciones, las exporte a punta de pistola. Afganistán es un retrato de todo lo que va mal en las democracias emergentes. Alemania es un concentrado de lo que va fatal en los países de referencia. Es difícil buscar fórmulas planetarias cuando en las aldeas de cada uno peligran la supervivencia y la convivencia feliz. Casi dos centenares de jefes de Estado se dieron palmadas el otro día en la ONU. Tras su simpática excursión se volvieron a sus casas a preparar alguna cita electoral. No es que la excursión fuera del todo inútil. Se concedieron unas limosnas y se regalaron unas vacunas. No obstante, los de siempre frenaron lo que hubo que frenar y dieron un cero zapatero a la Alianza de Civilizaciones. Tal vez por atavismo animal, se sigue prefiriendo la receta Bush-Blair-Aznar, que no tiene más peso intelectual que la angélica tontería del presidente. Este susurra: Amaos los unos a los otros; el siniestro trío sigue mascullando el tópico bestial de la caverna: Matáos los unos a los otros. «No caben medias tintas con el terrorismo», declaraba esta semana el ex presidente desde su prehistoria. Dicen que quiere volver. ¿Por qué no si, en su partido, el futuro lo representa Acebes? A todo esto, desde el lejano oriente avanza la epidemia de la fiebre del pollo como la última revancha de Fumanchú.

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