EL RINCÓN
Cárceles
LO QUE ejerce una mayor influencia en las prisiones españolas no es la misericordia, sino el espacio. Ya no cabe nadie más y tienen que restringir la entrada de nuevos clientes y mostrarse menos hospitalarias. Se ha producido un «over-booking» sólo comparable al que se registró en los armarios y en visto de eso la directora general de Instituciones Penitenciarias ha elaborado una teoría tan arriesgada como novedosa: «la celda no debe ser el destino inevitable de los delincuentes». Por desgracia, omite decirnos qué otros lugares serían más adecuados. Ya no es válida la célebre frase de Cervantes cuando definió a la cárcel como un sitio «donde toda incomodidad tiene su asiento». Ahora no puede sentarse nadie. Los condenados no pueden rebullirse y esa circunstancia crea irritabilidad entre los hospedados y agria su carácter. Si no estuvieran hacinados, no sólo tendrían un comportamiento más apacible, sino que algunos rechazarían la libertad una vez cumplida su condena. Hoy por hoy están ocupadas al 150 por ciento de su capacidad y el ministro Alonso ha anunciado ya que van a crearse siete nuevas cárceles. ¿Cuál es la mejor solución?, ¿edificar más penales o poner en la calle a los que están dentro? La reinserción es un principio constitucional y hay personas tan optimistas que creen que todos los seres humanos son redimibles. Después de aliviar las cárceles, el Gobierno tendrá que darle trabajo a los liberados por la falta de sitio. No le va a ser fácil. Además parece que no hay muchas empresas dispuestas a colocar a alguien que tenga antecedentes penales.