AL TRASLUZ
Fondos y formas
NI EL ESTATUT es el Apocalipsis ni todo quien lo vea con preocupación y hasta con tristeza es un catastrofista. Manuela de Madre, vicepresidenta del PSC, publicó una excelente tribuna en este periódico, titulada «Aquí nos tienes, España»; no recuerdo haber leído nunca nada parecido a un político del PNV. No obstante, el nacionalismo sigue pareciéndome un discurso de vuelo demasiado bajo para una izquierda seria, un mundito pequeño burgués regido por la máxima del Gatopardo: "que todo cambie para que todo siga igual". El nacionalismo está ahí, hay que respetarlo y atenderlo, pero también frenarlo si se excede. Cuando a mi madre le pedía algo a destiempo me espetaba: «Contra el vicio de pedir, la virtud de no dar». Pues eso. El PSOE aprobó sus enmiendas al Estatut, que centran el debate en sus límites infranqueables. Los españoles no estamos ante la madre de todas las discrepancias, pero tampoco ante una más. El proceso exigirá altura política y humana, pues tan arbitrario es esgrimir que el PSOE desintegrará España como negarle al PP el derecho a difundir sus posicionamientos. Aquí importa el qué se defiende y el cómo. Las formas avalan el fondo. La clase política debe recordar -y esto incluye a los nacionalistas- que entre sus obligaciones figura proyectar a la sociedad confianza en los mecanismos de la democracia para resolver diferencias, por drásticas que sean. Quizá fuese más rápido quedar en un descampado y liarse a golpes, pero eso ya fue probado hace tiempo y no funciona. Ni funcionará. En efecto, las formas avalan el fondo.