EL RINCÓN
La eterna mentira
YO VEO ALGUNOS periódicos, teles y radios, y tengo la sospecha de que ellos han asistido a otro debate, en otro país, no al debate al que yo he asistido y he seguido con enorme interés y minuciosidad. Pienso que para muchos no sirve de nada lo que en la realidad sucede, sino solamente las ensoñaciones de que se alimentan o los mensajes secretos que atribuyen a los hechos reales un sesgo desfigurador y suplantador. Debo reconocer que muchos de los distorsionadores de la realidad poseen una imaginación calenturienta pero rica. Yo me tengo por hombre imaginativo, perdonen la inmodestia, pero no tanto como para darle la vuelta a la realidad como si de un vulgar calcetín se tratase. Enhorabuena, queridos amigos políticos y comunicadores de la imaginación transformadora de la realidad y de la verdad. El debate de la admisión parlamentaria del Estatut, digan lo que digan los de la portentosa imaginación, ha sido un acontecimiento memorable, un ejercicio parlamentario y político inolvidable, un soberano esfuerzo por el entendimiento y la concordia entre políticos de pensamientos muy diversos, pero todos ellos orlados por la voluntad de llegar a unos acuerdos que permitan dar un paso más en la buena convivencia dentro de este atormentado país. Zapatero ha dado pruebas suficientes de su liderazgo y de su sinceridad democrática, sea cual sea la calificación que nos merezcan sus habilidades parlamentarias o dialécticas. Rajoy ha demostrado exactamente lo contrario. La delegación catalana ha hecho gala de humildad y de sensatez. Y todos los partidos, con la eterna excepción, han estado a la altura de sus responsabilidades.