EL RINCÓN
Hacerse el tonto
EL EX DICTADOR chileno Pinochet ha sido interrogado a domicilio y los expertos le declararon mentalmente apto para que le juzguen. Son muchos los que no desean esperar el juicio de la Historia, que suele demorarse, y prefieren que comparezca ante un tribunal formado por contemporáneos. Tan contemporáneos como los que él eliminó antes de tiempo. El viejo general sí tiene quién le persiga. Se le acusa de querer hacer más grande a su patria disminuyendo el número de sus compatriotas. Durante largos años, que a otros chilenos se les han hecho larguísimos, se ha amparado en la demencia senil. Al final de la vida, como al principio de ella, no se es responsable de los actos, ni de las omisiones, pero se trata de que responda de lo que hizo cuando padecía demencia juvenil o madura. ¿Se puede fingir ese tipo de demencia que provoca la acumulación de cumpleaños? Quizá baste con adquirir una cachava, mantener el labio inferior caído y reírse a destiempo. Hacerse el tonto es un arte y hay que reconocer que cuando lo practican algunos están en su papel. Un sórdido dicho popular suministra la fórmula del éxito: «Paso de buey, vista de lince, diente de lobo y hacerse el bobo». Los abogados querellantes han dictaminado que Pinochet «sobresimuló sus trastornos cognitivos». O sea, que fingió estar peor de la cabeza de lo que realmente está. El resto de su salud es bueno. Tiene un gran apetito y duerme perfectamente. Quizá en vez de contar ovejitas cuente desaparecidos, pero el caso es que descansa en paz antes de tiempo.