Diario de León
Publicado por
JULIA NAVARRO
León

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RESULTA inquietante que nuestro país sea una de las bases que los fanáticos islámicos utilizan como retaguardia. Un ejemplo más es la reciente operación policial en que se han detenido a catorce islamistas acusados de captar muyaidines para ir a luchar a Irak. Los terroristas aprovechan todos los resortes de los Estados democráticos para vivir tranquilamente mientras planean sus crímenes, y así nos encontramos con otra noticia y es que la policía también ha detectado que hay decenas de mezquitas en nuestro país desde los que se llama la Yihad, o sea a la guerra santa. Sólo pensarlo produce un estremecimiento, porque resulta que los enemigos de nuestra forma de vida, de los valores occidentales, de la democracia y la libertad, están entre nosotros, en la esquina de al lado. Al parecer uno de los grupos más violentos, los de la secta Takfir Wal Hijira (Anatema y Exilio), que al parecer estuvieron detrás del atentado del 11-M en Madrid, tienen unas cuantas mezquitas a lo largo y ancho de nuestra geografía. Llegados a este punto, cabe preguntarse que si los informes de los servicios de seguridad son ciertos lo esperable es que se desmantelen estas mezquitas y se detengan a los propagadores de odio. Creo que nuestro país y el resto de los países europeos, deben de ser generosos con los inmigrantes y que estos puedan contar, desde el primer día que llegan, con los mismos derechos que el resto de los ciudadanos y, también, de los deberes. Creo que nuestro país es abierto y tolerante con quienes vienen de otros países, y me parece que a todos nos enriquece el contacto con otras culturas. Creo que debemos de hacer lo imposible por lograr que quienes vienen a trabajar se integren y se sientan a gusto entre nosotros. Pero también creo que debe de haber «tolerancia cero» con quienes se aprovechan de nuestro sistema de libertades para intentar precisamente luchar y acabar con el sistema democrático. Creo también que una cosa es la libertad religiosa y otra que, en nombre de esa libertad, se puedan abrir mezquitas como si de pastelerías se tratara y, desde allí, dedicarse a predicar la guerra santa, o sea, la guerra contra todos nosotros. De manera que la pelota está en el tejado del Gobierno, porque no basta sólo con detectar y detener a estos radicales islamistas, hace falta adoptar otras medidas para que un día no digamos que ya es demasiado tarde para poner coto a los radicales. Tenemos un problemas, y de los grandes.

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