6-0
El resultado de la cosa se pareció al del último Alavés-Barça en Mendizorroza y cuando lo supimos en redacción, la jefa de la sección de Provincia saltó de alegría porque se había llevado la porra. Normal. No iba a alborozarse por el triunfo de la justicia.
Y así acaba —de momento— el caso Urdangarín, lo mismo que empezó. Se ha venido pareciendo a un chistaco gordo de día laborable por la mañana o a una portada de El Jueves con caricaturas y caras largas de carne y hueso, algo así como un Cuéntame visto en streaming. No desentona que la gente haya proclamado el desenlace en formato balompédico (6-0) porque aquí la unidad de medida nacional son los campos de fútbol, y da igual que se esté hablando del territorio quemado tras un incendio (si dices que ha ardido una superficie equivalente a la mitad de la provincia de Cuenca no te va a entender nadie) o del cultivo de la remolacha forrajera. Es lo que el personal tiene —o le ponen— más frecuentemente delante del ojo.
La historia de los primeros miembros de la familia real que se sientan en el banquillo plebeyo de los robaperas y los acuchilladores de viejas ha sido chusca y a la altura de la esperpéntica deriva de la institución en los últimos tiempos. En cuanto a las hijas, el muchacho de la que es guapa le salió ratero y la que no lo es se separó del suyo, que se teñía los pantalones y una vez le dio un paralís. El rey disparó a un elefante y éste se le revolvió desde la otra vida de los paquidermos en forma de opinión pública cabreada y barritante. Por eso tuvo que pedir perdón poniendo mohín de crío que manga unos peta-zetas en el kiosco. Fueron tiempos en que el terciopelo cayó al suelo y le pasó por encima una manada de ñúes. El Urdanga tenía cara de mozo sano y vascuence pero era un pillastre y, como buen cuñao, se dedicaba a mandar correos con bromazos ibéricos de culos y tetas, y también a hurtar al por mayor, un cleptómano con rango de alteza y tarjeta VIP.
Luego hubo una abdicación y una proclamación parecida a un intercambio de sellos, y la gente apenas le prestó atención porque no salía Belén Esteban.
De momento van 6-0, con algún gol en propia puerta. La peña espera la prórroga. Los entrenadores hablan con monosílabos. No hay enemigo pequeño. El fútbol es así.