Diario de León

CON VIENTO FRESCO

Un año excesivamente crispado

Publicado por
JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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EL ÚLTIMO barómetro del CIS, recientemente publicado, muestra una valoración ciudadana sobre la situación política decepcionante para el gobierno de Rodríguez Zapatero; pues son mayoría los que consideran malo o muy malo el actual momento político. En palabras de algún medio, son los peores resultados registrados en los últimos nueve años, sólo superados en la última etapa de Felipe González. Desde que Zapatero llegó al poder, la valoración ciudadana ha bajado veintidós puntos, pero lo más grave es que esta valoración negativa no ha dejado de crecer mes a mes en lo que va de legislatura. Sólo se salva la percepción medianamente positiva de la economía, pero con negros nubarrones como perspectiva de futuro, pues al crecimiento económico lo viene acompañan una alta inflacción y un incremento considerable en los tipos de interés, especialmente negativos en un país con miles y miles de hipotecas. ¿Por qué esta valoración tan negativa? Son muchas las causas que la explican pero todas tienen el mismo sentido. Zapatero ha tensado y polarizado la vida política hasta extremos preocupantes y como ningún gobierno había hecho anteriormente. Esa polarización se ha materializado en una ruptura del consenso constitucional, cuya manifestación más clara ha sido la reforma constitucional encubierta a través de la sustitución del actual Estatuto de Cataluña por otro nuevo, a todas luces anticonstitucional -ahora el gobierno presenta enmiendas que lo recortan pero eso va a crear, al romper las espectativas de los nacionalistas, nuevas recriminaciones victimistas, el daño ya está hecho; el cambio en la política antiterrorista y el acercamiento a los nacionalistas del PNV y el intento de una paz con la ETA saltándose el consenso en este tema con el PP; y por último, una política de inmigración nefasta, con cuatro millones de inmigrantes en diez años, que es hoy una de las principales preocupaciones de los españoles. Pero la tensión y la polarización ha tenido también otros frentes más ideológicos, como la recuperación de un discurso guerracivilista, los enfrentamientos con importantes sectores sociales, especialmente con la Iglesia y los católicos, por políticas sociales y educativas hechas desde la arrogancia, la falta de consenso y el populismo. Esto ha provocado que esos sectores, tranquilos y poco dados a las algaradas, se hayan echado, sin complejos, a la calle en manifestaciones multitudinarias. Manifestaciones de apoyo a la familia y contra la consideración de las uniones homosexuales como matrimonios -por cierto, hasta ahora uno de cada trescientos matrimonios lo son entre parejas gay-; en defensa de la calidad y la libertad de enseñanza; en contra del Estatuto de Cataluña. El gobierno, aunque ha tratado de minimizar las cifras de esas manifestaciones por un control cada vez más preocupante de los medios de comunicación, ha recibido su impacto y, en algunos casos, por datos negativos de las encuestas, ha dado marcha atrás a algunos de sus proyectos. No en todos. Lo hemos visto en Castilla y León con el tema de los papeles que reclama la Generalitat de Cataluña al Archivo de la Guerra Civil de Salamanca. El gobierno de Zapatero no ha tenido el menor escrúpulo en romper la unidad de ese archivo, ni tampoco, pese a ser él de esta tierra, ha oído el clamor de los miles de manifestantes que llenaron la plaza mayor de Salamanca y que la volverán a llenar mañana, día tres. Está prisionero de unos nacionalistas que, por el contrario, se niegan a devolver lo que ellos albergan de otras comunidades en sus museos y archivos. Así, por ejemplo, la diócesis de Lérida, pese a las sentencias del Vaticano, no devuelve los bienes pertenecientes a la diócesis aragonesa de Barbastro-Monzón, y el Instituto de Estudios Catalanes habla ahora de la unidad del museo como bien irrenunciable. Esta ley del embudo es otra de las consecuencias de la política polarizadora y sectaria de Zapatero. ¡No ha sido 2005 un buen año para Zapatero!

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