SIETE DÍAS
Deuda y confusión
LA HISTORIA nos muestra que los partidos políticos periódicamente sufren procesos de desorientación, se comportan como púgiles sonados con dificultades para recomponer la figura. Esta circunstancia provoca que su propio entorno se desdibuje y que, consecuentemente, hasta los seguidores con mayor responsabilidad se vean imbuidos por la misma vorágine. De esta forma, no es extraño que por un proceso humano de imitación o por falta de directrices, cada vez sean más los que contribuyen a extender la sensación de desbarajuste. Pudiera ser también una simple coincidencia, pero lo cierto es que en el Partido Popular la sensación de «esnortamiento», como diría un admirado colega, parece propiciar confusión de mensajes en Madrid y salidas del surco en Valladolid y en León. En la capital de España, Acebes se ve obligado a recordar que la doctrina oficial del partido es la que él transmite, que sólo él «fija la posición» y que, consecuentemente, díscolos como Piqué van por la senda equivocada y desautorizada. Rajoy anunciaría posteriormente la campaña de recogida de fiirmas para convocar un referéndum contrario al proyecto de Estatuto catalán inicialmente pactado por Zapatero y Artur Mas. Tampoco cabía esperar que el golpista Tejero apareciese en escena para expresar su apoyo a la postura del líder del PP. No quedó ahí la confusión: al día siguiente un medio de comunicación afín a las tesis del PP desvelaba que este partido ofrecía un acuerdo al PSOE y a CIU para reformar la Constitución y el Estatuto, mientras Rajoy concretaba que el martes iniciará personalmente la campaña de recogida de firmas. Es evidente que el zarpazo de Zapatero todavía no ha sido digerido. En Valladolid el contrapunto lo puso el vicepresidente de la Junta, Tomás Villanueva, quien enmendó la plana a su presidente, Juan Vicente Herrera, en asunto tan importante para León como es el reparto de los fondos de cohesión que Europa destina a las zonas más pobres de la comunidad autónoma. No es preciso recordar que en un encuentro en Moncloa, Zapatero y Herrera expresaron su acuerdo en el destino de una partida especial de 900 millones a las provincias de León, Zamora, Salamanca y Avila, por ser un territorio en el que la riqueza media no alcanza el 75% de la renta per cápita de la media europea. Burgos y Valladolid superan el 100%. Se trataría, pues, de corregir una desigualdad manifiesta con fondos europeos. Los proyectos todavía no han sido definidos y aquí jugará un papel muy importante el gobierno de Castilla y León, al que corresponde presentar iniciativas. Sorprendentemente, unos días después Tomás Villanueva aseguraba que la posición de la Junta no es la expresada por Juan Vicente Herrera en La Moncloa: «Limitar los fondos a estas cuatro provincias es simplemente una propuesta y la Junta de Castilla y León negociará que se distribuyan en toda la comunidad». Esta frase de Tomás Villanueva expresa la intención de forma muy clara. Cuestión distinta es que visto desde León eso sea una barbaridad y desde aquí mismo se haya querido poner un parche. Fue el delegado de la Junta, Eduardo Fernández, el primero en salir al quite. Explicó que Villanueva había sido mal interpretado, que se refería a los fondos adicionales que pudieran conseguirse sobre los 900 ya adjudicados. La Junta quiere 600 millones más (lo que en absoluto significa que vayan a existir). Con posterioridad, tanto la portavoz de la Junta como otros miembros del gobierno regional se abonaron con entusiasmo a tan inteligente explicación. La verdad es que no cuela. Primero porque no cabe en un político tan avezado como Villanueva que diga en algún caso lo que no desea decir y, además, porque la justicia distributiva exige que las provincias pobres reciban cuantos fondos otorgue la Unión Europea (ya comprometidos o adicionales), sin hurtarles ni un euro, hasta que los desequilibrios sean corregidos. No hay que olvidar que esta es la última oportunidad y que a partir del 2013, ya sin muleta presupuestaria ajena, León tendrá menos oportunidades para superar una situación de crisis derivada de la dureza de las reconversiones industrial y agraria que ha soportado. Si no somos capaces de cohesionar económicamente las provincias de nuestra comunidad autónoma, resulta falaz igualmente el agravio esgrimido respecto a Cataluña. Esta circunstancia no oculta, sin embargo, la injusticia del reconocimiento de una supuesta deuda histórica del Estado español con Cataluña, como si otras comunidades hubieran recibido puntualmente aquello que en cada momento necesitaban o les correspondía. Con frecuencia se ha pretendido descalificar este tipo de planteamientos interpretando la demanda leonesa de justicia como expresión de victimismo. Incluso en algún momento el mensaje ha podido calar y el sonrojo de considerarse víctimas ha provocado una posición más prudente en la exigencia. Todos los datos estadísticos revelan con contumacia que León ha sido víctima de una política insolidaria, despectiva y desdeñosa. Y no cabe referirse a los exabruptos de Javier León de la Riva, que lo único que hace es desviar la atención de las cuestiones importantes hacia derroteros grotescos. El alcalde de Valladolid, sin duda, cumple eficazmente con su papel al pretender acaparar los mayores recursos a costa, incluso, de despreciar lo mucho que ignora. Su apuesta por el aeropuerto de Villanubla como único en la comunidad, no pasa de ser un despropósito y una sandez. En León, el enfrentamiento en el seno del PP también ha sido público y notorio en las últimas semanas. Una comida de Mario Amilivia con un grupo de afiliados y simpatizantes del partido ha seguido dando pie a todo tipo de conjeturas. Incluso alguien hablaba de la posibilidad de que surgiera un sector crítico frente a la actual dirección provincial, que encabeza Isabel Carrasco. Fernando Arvizu consideraba esta hipótesis como algo imposible, pero su artículo del sábado en este periódico lo terminaba con una pregunta retórica: «A los que se muestran proclives a creerla (la posibilidad de una ruptura), les hago esta sencilla pregunta: ¿Qué es lo que les hace pensar que tal sector crítico pudiera surgir?». En todo caso, la sangre no llegará al río. A pesar de las apariencias, el PP leonés no está tan dividido como algunos quieren ver y con toda seguridad que se impondrá el sentido común. Habrá una solución sin vencedores y vencidos. Me atrevería a decir, incluso, que sólo habrá ganadores. Una indisposición gástrica le impidió a Zapatero viajar ayer a León para recoger el aplauso por los acuerdos adoptados por el Consejo de Ministros el pasado viernes, con medidas muy importantes que afectan directamente a León. Zapatero ha cumplido el quince por ciento de una de sus promesas electorales. El transporte de mercancías ha visto rebajado el peaje de la autopista León-Asturias en un 30 por ciento. Se mantienen las tasas para el resto de los vehículos. Demasiado recorrido para cubrirlo completamente. Mejores perspectivas ofrecen otros compromisos, entre los que esta semana cabe otorgar lugar destacado al Inteco. La solución adoptada el viernes de crear el Inteco como sociedad anónima con el capital totalmente suscrito por el Estado, parece la mejor solución para que el proyecto salga adelante. El Inteco ya es una realidad sobre el papel y, lo que es más importante, nadie puede poner chinitas para entorpecer su desarrollo. Tampoco Zapatero podrá alegar obstrucción si no responde las expectativas creadas. Una buena noticia, sin duda.