Ingenieros de la improvisación
LA PUESTA en marcha de una gran infraestructura como la nueva terminal del Aeropuerto de Barajas es de las que ponen a prueba las capacidades de la administración pública de un Estado supuestamente moderno. Y el balance ha sido claramente negativo. Aena, un organismo autónomo de Fomento, ha fracasado estrepitosamente, con la impagable colaboración de Iberia, que es la compañía que ocupa la mayor parte de la nueva terminal. Es inconcebible que no se previera que el primer día de la nueva instalación muchos cientos de pasajeros acudirían por rutina a la terminal antigua, entre otras razones porque la campaña informativa en los medios ha sido claramente corta e insuficiente en intensidad. Gracias a la inefable ministra de Fomento, hemos dado un espectáculo tercermundista.