TRIBUNA
Si piensa que el carbón es caro, pruebe con el petróleo
SE han disparado todas las alarmas. El Plan del carbón 2006-2012 es un plan funerario sin contrapartidas, cifras y argumentos que dan forma a unas exequias fúnebres. Se muere la economía extractiva y se matan, en el mismo acto, los valles mineros. Los hechos son más elocuentes que las cifras y las palabras. Y siendo muy grave por sí mismo lo más dramático, lo irracional, es que se trata de un plan sin fundamento y errado en sus premisas y objetivos. Es falso que la economía del carbón no sea rentable. Es una repugnante mentira. La energía es el plasma sanguíneo de nuestra civilización. Todo se enchufa. El acceso a la energía es un escalón básico en la prosperidad de los pueblos. Sin subir dicho peldaño hablar de prosperidad son ganas de confundir a los que escuchan. La humanidad no puede sobrevivir sin su dependencia de la energía y los hidrocarburos son la principal fuente energética. Los que pueden pagar los hidrocarburos que consumen prosperan. Sin embargo, cuando los hidrocarburos se convierten en un bien escaso los precios se disparan y la mayor parte del planeta corre el peligro de quedarse fuera del mercado. Las sociedades, entonces, irremediablemente, se hacen inestables y la energía deja de ser una variable económica para convertirse en una variable estratégica. El dilema es tenerla o no tenerla. Estamos en esa fase. Los precios del crudo evolucionarán, claro que sí, pero a peor. Nada hace pensar que puedan descender en el futuro. Las economías de Asia y particularmente China e India, que crecen a un ritmo anual que se acerca al 10%, están presionando sobre los precios, presión al alza que aumenta en la misma proporción que descienden las reservas y aumentan los costes de exploración, extracción, transporte y transformación. Los nuevos yacimientos están en mar abierto, offshore, y cada vez a mayor profundidad. Leo con frecuencia que se descubre un barril de petróleo por cada cinco que se consumen. Los precios de los hidrocarburos están fuera de control. No es que hayan roto el percentil de estimaciones. Nada de eso. El propio presidente Bush acaba de declarar, solemnemente, que Estados Unidos estaba obligada a romper con su adicción a los hidrocarburos. Es un asunto serio. Se necesitan energías alternativas, -¿quién lo discute?- pero en el entretanto, mientras se realiza el tránsito al mundo de las pilas de hidrógeno, un ciclo que se avizora largo, los norteamericanos han vuelto la cabeza hacia los Montes Apalaches, la tradicional reserva carbonífera de los Estados Unidos. El carbón, antes denostado, está volviendo a la mesa de negociaciones y de los cálculos estratégicos. En la franja de los 40$ barril de crudo, vuelve a ser rentable el carbón, incluso, la transformación del carbón en diésel, convirtiendo el carbón sólido en gas y transformando el gas en líquido para obtener un diésel sintético conocido como CTL (Coal To Liquid) que lo acerca de nuevo hasta el consumidor final, sector del que fue desplazado, por el petróleo y el gas, con lo que disminuye la dependencia y vulnerabilidad de la economía de los Estados Unidos. Aumentar el nivel de autoabastecimiento se ha convertido en un factor estratégico de primer nivel para Estados Unidos y para cualquier país razonable que piense en sus ciudadanos. La economía del carbón ha tenido tradicionalmente muchos enemigos, pero ha llegado la hora de la reflexión, de revisar las políticas energéticas seguidas en España y en la Unión Europea. Como Alcalde de un valle minero me veo en la obligación de hacer una llamada a la consideración de todas las partes y de los que están negociando el Plan del Carbón 2006-2012. Las premisas, las razones profundas que alimentaban y alimentan todas las estrategias de liquidación de la economía del carbón han desaparecido. Hemos entrado en la fase inversa y debemos repensar nuestra estrategia energética. Cambio de tendencia. El carbón es un bien muy escaso. El grado de autoabastecimiento energético no ha cesado de disminuir desde que se inició el ciclo de liquidación de la economía del carbón. En cifras de 2004, se necesitaron 40.259 Kt de carbón para producir 76.892 Gw. De las cuales 9.934 Kt fueron de carbón nacional y 18.379 Kt de carbón importado. La factura del carbón nacional fue de 598 millones de euros que con subvenciones se puso en 816,64 millones ¿ , para 9.800 trabajadores. Por tanto, la transformación de la planta generadora eléctrica con base en el carbón en otra de ciclo combinado, orientada al gas, significa hacer depender el 29% de nuestra capacidad de generación de una energía inestable, el gas, asociada a fuertes convulsiones políticas y muy elevada exposición a precios geoestratégicos de imposible asimilación por nuestra economía. Dos han sido los argumentos tradicionales que se han esgrimido contra la economía del carbón nacional, sus altos costes de extracción y su baja calidad. Si en algún momento fueron verdad, hace mucho tiempo que han dejado de serlo. Y son argumentos aún más erráticos si se les añade los factores estratégicos derivados de la imperiosa necesidad de garantizar unas cotas más altas de autoabastecimiento. A los dos argumentos se unió posteriormente el argumento medioambiental del Protocolo de Kyoto, el temido C02. Y como resultado de una panoplia de argumentos interesados, se puso en marcha un plan sistemático de liquidación de la economía del carbón, una economía que declinó por su falta de I+D, por su poca adaptación a las necesidades de los consumidores finales, pero jamás por su demostrada eficacia estructural. El ingrediente dominante de todos los Planes del Carbón es la prohibición taxativa, la penalización gruesa para cualquier iniciativa que contribuya a la modernización tecnológica o a la constitución de fondos que contribuyan al I+D. El negocio de los hidrocarburos ha presionado de manera injusta sobre la economía extractiva del carbón y sobre las necesidades estratégicas de España. Y la presión ha sido tanta, tan deleznable y tan exhaustiva que, por ejemplo, todos los proyectos tecnológicos para la captura y confinamiento de C02 no han merecido ninguna atención por parte de dichos planes. Por otro lado, y curiosamente, mientras el carbón nacional mantiene sus precios, ni siquiera evolucionan al ritmo de la inflación, incluso decrecen, el precio del carbón importado, al contrario, se ha disparado en los mercados internacionales, lógicamente, al multiplicarse su importancia estratégica. Así, las empresas generadoras de electricidad pagaron el carbón nacional a 37,5 ¿ /tonelada en 2001 por un carbón de 4.550 kcal/kg, 36,27 ¿ /tonelada en 2002, 35,04 ¿ /tonelada en 2003 y 36,44 ¿ /tonelada en 2004. Para el carbón importado pagaron 31,69 ¿ /tonelada en 2003 y pagaron en 2004 a 43,60 ¿ /tonelada y 6.042 kcal/kg. debido al fuerte incremento de los precios internacionales, que han seguido creciendo en 2005. A pesar de la diferencia kilocalórica, sobre lo que habría mucho que escribir, lo cierto es que los precios internacionales del carbón, los ya alcanzados, están convirtiendo el carbón importado (carbón CECA, huella, antracita y lignito negro) y la hulla coquizables (90 ¿ /tonelada) en un bien escaso a precios prohibitivos. El carbón se ha convertido, a su vez, en un bien muy escaso por el que pugnan los mercados internacionales con la misma ferocidad que usan para garantizarse el abastecimiento de hidrocarburos. La factura del carbón importado se elevó en 2004 a los 1.200 millones de euros, sobrepasará los 2.500 mil millones en 2005 y sobrepasará los 3.500 millones en 2006. La factura energética de España (hidrocarburos) en 1995 era de 7.273 millones de euros y supero los 31.000 millones en 2005. Las cifras hablan por sí solas. Son cifras fuera de control y lo que es más preocupante, no garantizables. Los combustibles fósiles son un bien escaso y no garantizado. No basta con disponer de una buena chequera.