Diario de León
Publicado por
Eduardo Gutiérrez Suárez
León

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Los perseguidos, demonizados, torturados, encarcelados, fusilados,...., y demás vejaciones, a las que fueron sometidos los trabajadores y milicianos de izquierdas durante la república, en la guerra civil y en la posteridad, contra ellos, sus ascendentes, hermanos y descendientes, por parte de la pisonadora fascista, militares, falangistas, requetes, cristianos políticos y.... demás chusma mercenaria, arropados bajo «la cabeza visible del general, caudillo liberador al parecer de las moralidades de lo divino y lo humano», «curas, obispos, cardenales, generales, paramilitares y hacendados»; ahora se han encontrado un nuevo detractor, desde las filas de la democracia ha surgido una alianza diabólica. No más allá de una docena de aburridos y torpes, -quizás no tanto si evidenciamos que estos aliados nada tienen que ver, ni les une, con los represaliados sino es la demagogia y la manipulación política, sin duda lejos de cualquier sentimiento sincero y cercano-, pues bien están dispuestos y de una vez por todas a enterrar la memoria histórica, con la humillación del olvido, y que mejor sitio para ello que el cementerio municipal de León. Eso si, con el visto bueno de todos los partidos políticos de derechas o de izquierdas, a bombo y platillo, seguramente con música celestial incluida y discursos llenos de palabrería e hipocresía, fácilmente no faltarán «rezos y demás rituales». Que lo aplaudan los conservadores, herederos de la dictadura, les conviene, pero que la iniciativa haya partido de individuos que dicen representar a organizaciones de izquierdas, sin duda despierta muchas dudas e invita a muchas reflexiones. Incita cuando menos a pensar que en absoluto representan lo que dicen, que fácilmente hayan perdido el norte, qué recibirán a cambio, o serán tan vanidosos y torpes que solo lo hacen por salir en una foto para la posteridad, sin temor al ridículo, la burla de unos o la indignación de otros, de cualquier manera la ignorancia es muy atrevida; incluso que no pasen de ser de los advenedizos del régimen que allá por los albores de la democracia, cuando ya se vislumbraba el nuevo ordenamiento del poder se apuntaban a caballo ganador, los listillos de siempre. Los hombres con sentimientos habían sido atados y bien atados durante la dictadura. Seguramente haya un poco de todo. Parece cuando menos un insulto y una traición para ciertas cualidades de la condición humana y nuestra escala de valores occidentales, aunque no para otras, que partidos políticos que han estado predicando, laureándose y mamando, durante parte del siglo XIX, todo el siglo XX, y todavía en lo que va del siglo XXI; de las peripecias y desgracias del pueblo, de aquellos hombres con los que la historia siempre estará en deuda, para que ahora y sin ninguna razón aparente lógica y moral, se pretenda borrar de entre la memoria de los vivos, para colocarlos en el olvido del cementerio. No es fácil de digerir estos procederes, para las gentes de buena voluntad, de principios y con moral. Como puede ser que sean estos grupos políticos y sociales, (quizás, más bien, sus dirigentes), que se han servido de esta historia, repitiéndola hasta la saciedad, para ganar elecciones, formar gobiernos, y gobernar solos o en coaliciones, es decir gestionar los dineros públicos, recogiendo tantos frutos y enriquecimientos, y primero para sus vanidades y sus bolsillos, para ahora dar un portazo de estas dimensiones. Si bien es cierto que nos tienen acostumbrados, los trabajadores de hoy asalariados y servidores a la fuerza del capitalismo y la especulación, al igual que aquellos los proletarios del pasado, nada ha cambiado en esencia, también se les trata desde el ostracismo y el olvido. Solo se les considera unas cifras para las estadísticas, y cuando no un estorbo, obligándoles a copar las plazas del desempleo, la marginación y la exclusión social. También y en aquel momento fue el proletariado quién ocupo el mayor espacio de las fosas comunes. Entre el pueblo, como en cualquier estamento humano siempre hubo traiciones e intrusismo, y en el caso que hoy nos ocupa el engaño ya esta consumado, si fuese creyente diría que si Dios no lo remedia, pero para un agnóstico casi es un hecho consumado. En estas décadas cuando cualquiera, mayormente los intrusos y traidores, se «inventan, buscan o encuentran» un pariente republicano, pero republicano a secas, y en muchas ocasiones ocultando, eso si, su condición o principios, que en la republica se cocieron muchas habas; pues éstos espabilaos y en su caso trepadores, son los que están dispuestos a hacer el trabajito al capitalismo que es sin duda el más interesado en enterrar el pasado. Para realmente dignificar a los mártires de la guerra del 36 y de la dictadura, es evidente que hay que hacerlo por la puerta grande, en una plaza pública y lo más céntrica posible, para que sirva de vergüenza para los desaboridos y de acicate y estímulo para las gente de razón y buena voluntad. Pues ya vemos quienes son los que escriben y protagonizan la historia oficial y como la escriben, no olvidemos que no hay otra que se puede escribir con perspectivas de éxito, publicación y distribución; otra de las nuevas armas de manipulación del capitalismo moderno.

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