Diario de León

TRIBUNA

Leonesismo: renovación política y compromiso social

Publicado por
Laureano M. Rubio Pérez
León

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El leonesismo , como el catalanismo, es algo más que una mera cuestión política vinculada a unas siglas o a un partido político, es una cuestión social que, arraigada durante siglos sobre un marco estructural claramente identificado y definido por términos como reino o provincia, se fue forjando en el seno de todas aquellas comunidades cuyo componente social formaba parte de una unidad territorial, administrativa, diferencial y sentimental y todo ello inmerso en un pasado histórico común. El leonesismo, es pues, una realidad identificativa, un sentimiento que se convierte en ideología en tanto en cuanto forma parte de un conjunto social que, a partir de una conciencia social más o menos desarrollada, converge en planteamientos, convicciones, actitudes y creencias. Pero, el leonesismo, a diferencia de los otros, pese a poseer raíces históricas y sociales, por razones de sobra conocidas, no tuvo buenos principios en lo que a su vertiente política se refiere. Desde los inicios de la España Autonómica, fue controlado y manipulado por un conjunto de personas o por un grupo que muy pronto lo utilizó como bandera para sus propios intereses. La historia de la UPL y de sus dirigentes es el mejor reflejo de una realidad que pudo ser y no fue. Aunque, no cabe duda de que nuestra tierra se benefició de ese leonesismo político, el problema surge cuando ese leonesismo político, conociendo la realidad social, no es capaz de centrarse, de conectar con el leonesismo social y de romper con un pasado en el que el único referente es el caciqueo y el ser depositario coyuntural del voto del cabreo, mientras que una parte de la sociedad leonesista se ve obligada a la abstención en las confrontaciones electorales o a buscar la utilidad del voto, aunque se a favor de formaciones políticas que han hecho muy poco por el leonesimo social. El denominado congreso de Astorga en el que se consumó la ruptura de la UPL, por razones harto conocidas, fue una muestra más de participación asamblearia sin control, lo que no parecía importar en tanto en cuanto lo único que se perseguía era la constatación de una ruptura y la manifestación de intenciones para introducir cambios, pero sin cambiar. Después de dos años los problemas financieros y de funcionamiento parecen continuar y sería una pena que una vez más y en un contexto social tan favorable el leonesismo político, es decir la UPL volviera a perder el tren por no ser capaz de reformarse, de lavar su imagen y de conectar con el leonesismo social. Pero, ¿cómo conseguir estos objetivos? ¿Cómo hacer que la UPL conecte y recoja la sensibilidad social y los votos del leonesismo social?. Sólo hay una forma, renovándose internamente y configurándose como un partido con un organización territorial y una estructura interna seria, con órganos colegiados que dirijan y eliminen cualquier resquicio de caudillismo, de personalismo y de leonesismo de cartera. Dos son las alternativas desde mi modesta opinión: o seguir como estamos, o abrir el proyecto para que sean los órganos representativos y asambleários, elegidos democráticamente entre los afiliados los que decidan la política, los pactos, los puestos y las retribuciones. Esto, unido a un planteamiento serio respecto a lo que se quiere ser y a cómo se quiere llevar a cabo el proyecto, es la única vía de conexión con el leonesismo social. De lo contrario, más de lo mismo. Ahora bien, sería muy aconsejable que los inmovilistas, es decir aquellos que desde el interés personal defienden ese más de lo mismo, se dieran cuenta de que el leonesismo social cuando vota, salvo parientes e interesados, lo hace no a las personas, sino a un proyecto, a unas siglas en las que cree y con las que comulga en ideas e intereses colectivos. De ahí que ya va siendo hora de que el leonesismo político se desprenda de todos aquellos que están en el proyecto por interés personal, por su leonesismo de cartera o porque no le ofrecen los puestos de partida en la lista de otro partido político. En este contexto, la última oportunidad del leonesismo político se presenta en el próximo congreso que va a celebrar esta formación. Frente a aquellos que supuestamente pudieran pretender que éste debe de ser un calco del de Astorga, con el añadido del folklore y de la fiesta, que sirva para aclamación de «caudillos» o para lanzar arengas carentes de contenidos a la supuesta militancia ignorante, debe de imponerse el criterio de la seriedad y de la reflexión a partir del cual la UPL de una vez por todas y contando con todos los verdaderamente leonesistas se convierta en una fuerza política seria, ordenada y capaz de representar al pueblo leonés una vez que asume y tiene claro que es la región leonesa y cuales son las bases que justifican la defensa de una unidad territorial, administrativa y sociocultural denominada Reino de León. A partir de esa seriedad demandada por el leonesismo social, los compromisarios y participantes en dicho congreso deben de abordar tanto la reformas pertinentes de los viejos estatutos redactados desde la pura oligarquía, como la discusión de ponencias sobre los asuntos fundamentales que afecten al funcionamiento del partido, a su posición política, ideológica y programática. El punto de partida debe de ser, a mi juicio, previa petición de las disculpas pertinentes, la invitación a los viejos militantes, expulsados del partido por discrepar, para que se integren en el nuevo proyecto. A su vez, hay dos cuestiones que creo fundamentales para esa integración entre el leonesismo político representado en la UPL y el leonesismo social independiente, personal y organizo en múltiples asociaciones culturales, gastronómicas, etc. La primera tiene que ver con la reforma parcial de sus estatutos en lo que hace referencia a la necesaria organización del partido a través de comités y órganos representativos en los que no exista ni poder varonil ni caciqueo personal. En este mismo es imprescindible, entre otras reformas, la limitación a dos legislaturas de un mismo cargo, lo que contribuiría a eliminar la imagen de que la UPL son sólo un grupo de amigos con intereses comunes. Pero, si organizar administrativamente un partido es importante, no lo es menos el tema financiero y económico. Aquí es donde el leonesismo político tiene que dar el do de pecho para presentarse con la cabeza bien alta ante el leonesismo social. De poco vale que exista una comisión de cuentas si no tiene competencias ni se reúne; de poco vale que se acuerde que la financiación del partido tiene que salir del sueldo que ganan los que ostentan cargos políticos bien remunerados gracias a su inclusión en esas siglas. En fin, de poco valen intenciones si no se legisla y ejecutan los incumplimientos. Parece claro que un parido serio debe de tener órganos serios, presupuestos anuales y control financiero del dinero público que recibe por su gestión. Si se acepta esto se estará contribuyendo a diferenciar a los leonesistas de corazón, ligados al leonesismo social, de los leonesistas de cartera. Durante muchos años no pocos componentes del leonesismo social hemos estado regando y cuidando un árbol que cada año daba una abundante cosecha, cosecha que era recogida por unos pocos amparados en la legitimidad del sistema y en el servicio a la sociedad leonesa. Después de todo lo visto ya ha llegado la hora de seguir cuidando el árbol pero siempre y cuando el valor de su fruto revierta en el leonesismo social y el la sociedad de esta tierra y de esta gente cada vez más expoliada en sus derechos, en su identidad y en su patrimonio histórico. De todas formas, al leonesismo social para abordar el futuro siempre le quedará el modelo a imitar de Ciudadanos de Cataluña.

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