PANORAMA
La intracrisis Rubalcaba
SOBRE la minicrisis ministerial forzada por el mutis de Bono, sabemos la mitad de la mitad, pero lo imaginamos todo. Las razones oficiales por las que el ex ministro de Defensa se va con su familia, para atenderla, se han visto acompañadas por deducciones complementarias, sobre todo a la luz del mitin patriótico/unitario con que Bono se despidió de los ejércitos en el patio de Armas del palacio de Buenavista, que fue en tiempos de Godoy. Ayer prometieron sus cargos los dos nuevos ministros, Pérez Rubalcaba y Mercedes Cabrera, y el nuevo titular de Defensa, el leonés José Antonio Alonso, al que Rubalcaba sucede en Interior. Todo sencillo, un gabinete ligeramente remodelado a sus dos años de funcionamiento y un presidente, Rodríguez Zapatero, que mueve sobre el tablero político tres fichas de su máximo agrado. A Mercedes Cabrera la situó en el segundo lugar de la lista por Madrid, inmediatamente detrás de él, para concurrir a las elecciones generales del 14-M, y no le dio entonces el ministerio de Educación y Ciencia porque, intelectual químicamente pura, Cabrera pidió un tiempo de rodaje político en el grupo parlamentario. Rubalcaba es hombre de inteligencia viva, capaz de improvisar soluciones sobre la marcha y de proyectar ideas y estrategias de futuro; goza también de gran equilibrio emocional, como ha demostrado en esta legislatura al no descomponerse en ningún momento ante desmesurados ataques del PP contra el Gobierno y el PSOE, ni refutar, por exageradas, las predicciones apocalípticas de los profetas menores populares. Recibía Rubalcaba de Alonso la cartera de Interior, y en sus palabras de gratitud citó «en primer lugar a quien no está aquí, pero que me ha nombrado, el presidente del Gobierno, y en segundo lugar, y además está aquí, a la vicepresidenta del Gobierno...». Y ahora, la revelación preconcebida, cargada con un voluptuoso misterio aclaratorio: «ambos -presidente y vicepresidenta- conocen la intrahistoria de este nombramiento que alguna vez escribirán». No pretendía Rubalcaba subir el precio de las memorias que algún día probablemente escriban Zapatero o Fernández de la Vega, pero de repente, y a los acordes militares no apagados aún del palacio de Buenavista, con Bono gritando a pleno corazón ¡Viva España!, en el Ministerio de Interior se desveló ayer que bajo las apariencias de una remodelaciónhabía funcionado la intrahistoria. Bono se ha ido porque su ideología está cargada de emociones, de tradición, y así quedó demostrado en el desahogo de su tradicionalismo de costumbres mientras se despedía anteayer de los militares. Y su lugar, mediante un ligero desplazamiento, lo ocupa Alonso. Todo muy lógico.. Pero donde hay hasta terceros planos, y no sólo oscurecidos sino ocultos, parece ser en «el nombramiento» por antonomasia: el de Rubalcaba como nuevo ministro de Interior, sobre el que alguna vez escribirán De la Vega o Zapatero, porque no se trata de un simple hecho político; está entretejido de intrahistoria. ¿A quién va dirigido el mensaje? Obviamente a toda la sociedad, que debe enterarse de que el Ministerio de Interior es el departamento en el que Zapatero sitúa su centro de operaciones para la paz. Y también a aquellos de los que la paz depende. Pero éstos sólo son sujetos pasivos de la intrahistoria.