En su derecho
Pasados los primeros momentos de estupor, incredulidad y sorpresa, es quizá el momento de sopesar lo que verdaderamente supone el anuncio de alto el fuego permanente por parte de la banda terrorista ETA. Pasando de románticas trasnochadas, de buscarle cinco pies al gato, lo importante, lo verdaderamente importante, es que, después de tres años sin matar, ETA ha decidido, bien sea por convencimiento, por acoso policial o por la misma presión del pueblo vasco, que ha llegado el momento de mantener conversaciones para su desmantelamiento. Y estamos en el eterno dilema: ver el vaso medio lleno o medio vacío. Es fácilmente comprensible que haya colectivos que, después de haber sufrido tanto, no acaben de ver claro el final de este macabro túnel en el que tantos años llevamos metidos; que se resistan a ser testigos de un desmantelamiento que, piensan, dejaría sin castigo a quien tanto dolor ha producido. Estaríamos ante el vaso medio vacío a la esperanza, apurando hasta el último poso de hiel. Por otro lado, hay quien cree, quien quiere creer con todas sus fuerzas, que esta vez es la buena, que no hay marcha atrás, que las heridas acabarán restañándose con el tiempo, dando el pueblo español, una vez más, una lección de generosidad como la que nos permitió el tránsito a la democracia. A este vaso medio lleno es al que nos tendríamos que aferrar como a un clavo ardiendo. Nos lo exigen nuestros hijos y, más adelante, nos los agradecerán futuras generaciones. Aquilino Laserna Perea (León). Hace años que venimos observando como la demanda de espacio radiofónico obliga a las empresas de telefonía móvil a incrementar el número y la potencia de antenas transmisoras-receptoras en nuestras ciudades. También venimos observando que en los lugares donde se asientan estas antenas, normalmente en las zonas más habitadas de las ciudades, empiezan a surgir problemas de todo tipo. Muchas asociaciones han denunciado el enorme incremento de casos de estrés, insomnio, jaquecas, migrañas y la aparición de un elevadísimo número de tumores cancerígenos de distintos tipos, principalmente en niños. Las empresas de telefonía móvil se han apresurado a afirmar que esto nada tiene que ver con ellas, eso sí, aunque sin sacar a la luz los resultados de los escasos estudios, nada independientes, que sobre la incidencia de las ondas electromagnéticas sobre la salud humana se han realizado. De lo que no cabe ninguna duda es de que la colocación de esas antenas siembra un pánico y una alarma social totalmente fundados. Por todo ello los vecinos de San Mamés renunciamos rotundamente a la colocación, en nuestro barrio, de cualquier tipo de antena de telefonía móvil, al menos hasta que los presidentes de Amena, Movistar y Vodafone no coloque una en la puerta de sus casas, donde viven sus familias y donde están criando a sus hijos. L.A. Gómez Barrio (presidente de la Comunidad de Vecinos San Mamés 109. León).