LA VELETA
Con pies de plomo
LAS FUERZAS y cuerpos de Seguridad del Estado se esfuerzan en comprobar si ETA cumple rigurosamente su alto el fuego, y al parecer lo cumple, según informó ayer el presidente del Gobierno a una emisora de radio tras haber leído muy de mañana el segundo informe policial sobre el asunto. Al PP le ha disgustado que Rajoy no recibiera la primicia de esa información, y Eduardo Zaplana reconvino a Zapatero, advirtiéndole de que ciertas actitudes no favorecen la colaboración. «Hay cosas -dijo el portavoz popular- que se resuelven con algo tan fácil como descolgar el teléfono». El presidente se estaría moviendo ante las perspectivas de paz con pies de plomo, y cuando ayer se le preguntó si irá al Congreso antes del verano, una vez comprobado el cumplimiento por ETA de su alto el fuego, vino a decir que había que comprobar si «detrás de ese alto el fuego está la voluntad del abandono definitivo de la violencia». Ha ocupado estos días bastante espacio en los medios informativos la aparición de unas cartas en las que ETA solicitaría/exigiría a algunos empresarios navarros aportaciones económicas. Con lógica unanimidad, esas cartas se han interpretado, siempre que hubieran sido enviadas después del anuncio de alto el fuego, como la continuidad de extorsión. Pero el informe policial recibido ayer por Zapatero indicaría, dicho sea en palabras del presidente, que «todos los datos con que cuenta la Seguridad del Estado abonan la tesis de que las famosas cartas son cartas en todo caso de antes del alto el fuego». Y añadió: «esa es la información de que dispongo», y que «con un grado de seguridad relativo» maneja la policía. Pero el presidente maneja más información de la que los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado le facilitan; maneja además información sobre la trastienda política que actúa en las proximidades del radicalismo abertzale o dentro de él, asesorándole. Trastienda muy poblada, dado el número de personas que voluntariamente se han implicado en la tarea de que la violencia desaparezca definitivamente de Euskadi. Es el caso del sacerdote irlandés Reid quien ha intervenido cerca del IRA para su abandono de las armas y para que pudieran firmarse los difíciles acuerdos de paz, precarios todavía. Y como es natural en tierras vascas, también un clérigo extremadamente comprensivo en tiempos con las acciones de ETA, hasta el punto de que tuvo que desprenderse de la púrpura, presta hoy a la trastienda, y a Reid, la colaboración que se le pide. También ofrecen su paternal asesoramiento al mundo abertzale, sin justificar en lo más mínimo la violencia, dos obispos que rehuyen todo protagonismo.