Publicado por
Miguel Ángel González González
León

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Hoy día , ser gallego, vasco, catalán, castellano, andaluz, etcétera no tiene mérito. Lo realmente complicado es ser leonés. Y es que, a pesar de encontramos en un marco jurídico que protege el patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos españoles, el correspondiente al leonés ha quedado desamparado, sin ninguna institución que vele por su protección. Al contrario, el gobierno autonómico «castellano-leonés» está comprometido en la defensa de una artificial identidad «castellano y leonesa» que ahora pretenden histórica, lo cual trae consigo la ocultación de la leonesa y su asimilación por la castellana. Define todavía el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) «leonés» como «perteneciente o relativo al antiguo reino de León» que finalmente quedó delimitado según las provincias de León, Zamora y Salamanca de acuerdo al vigente Real Decreto de 30/11/1833. Si los bercianos, cabreireses, parameses, sanabreses, alistanos, etcéterab, son españoles es porque desde varios siglos antes habían sido leoneses, habitantes de un territorio que se definió durante siglos en el seno del Reino de León medieval, junto con Galicia, Asturias, Extremadura, Campos y Castilla, que evolucionó hacia la región de León, que fue objeto de estudios históricos, etnográficos, económicos, lingüísticos, etcétera y en la que yo nací hace treinta y cuatro años. Hoy día, León, como referente regional, cultural, histórico, etcétera ha desaparecido y el pueblo leonés al que se refiere la definición de la DRAE anteriormente expuesta ha dejado de ser reconocido. Si a un medio de comunicación se le ocurriese referirse a Oviedo como ciudad gallega, las instituciones asturianas exigirían a ese medio de comunicación que rectificase. Sin embargo, cada poco asistimos como en un periódico, en un telediario, en un libro o documental se refieren a algo leonés como castellano. Somos muchos los leoneses que nos quejamos ante ese medio por el error cometido, el cual habitualmente vuelva a reincidir ya que al no existir un respaldo institucional nuestro empeño es baldío. No existe ninguna institución regional leonesa encargada de salvaguardar la historia, cultura e identidad de los leoneses lo cual deja un importante vacío en el conjunto de España. La Diputación de León no parece hacer nada al respecto a pesar del Acuerdo por la Identidad Leonesa firmado por PSOE, PP y UPL de la provincia de León en el año 2000. Por otra parte, parece obvio que nada podemos esperar de la Junta de Castilla y León cuando es ella misma la que participa en estos documentales, edita libros y financia congresos en los que se refieren a León como una provincia castellana y se ha negado desde siempre a reconocer que esta comunidad autónoma, a pesar de que su nombre claramente así lo indica, está integrado por dos regiones históricas distintas. La Junta de Castilla y León es la que establece los contenidos de los planes de estudio en los que la historia y cultura propiamente leonesas han desaparecido, mientras que se ofrece la imagen de una «región castellano-leonesa» unitaria e intemporal. Estos contenidos cuando son proporcionados a las enciclopedias hacen posible que nos encontremos referencias a una «región de Castilla y León» en tiempos de los romanos, que se identifique a esta región como Castilla y que al describir su historia no se diga una sola palabra sobre el Reino de León (por ejemplo en la Gran Larousse Universal de 1996). La bibliografía sobre temas leonesas está igualmente desapareciendo ante la falta de apoyo institucional, mientras que las librerías están repletas de obras contextualizadas en el híbrido «castellano-leonés» obligándote a acudir a las librerías de libros usados o a bibliotecas para encontrar algo sobre León. ¡Extraña forma de aplicar la Constitución en cuanto a «proteger a todos los españoles y pueblos de España, en el ejercicio de sus derechos humanos, sus culturas y tradiciones, sus lenguas e instituciones»! «Y es que a León, a base de no nombrarle, se le ha hecho desaparecer» nos desvelaba Juan Pedro Aparicio. «La ocultación que padece León es tan inmensurable que ya forma parte e su misma esencia. León y su ocultación pueden considerarse términos sinónimos. Desde la historia a la política y a la metereología, todo contribuye a la ocultación de León». Ocultación interesada, lamentablemente, necesaria para el mantenimiento de una configuración autonómica ilegítima, que vulnera lo establecido en la Constitución Española en lo relativo al derecho de las regiones y nacionalidades a su autonomía. Ya incluso produce una extraña sensación encontrar en enciclopedias anteriores a 1983 que el «Reino de León [¿] todavía se considera como una de las regiones históricas en que se divide la península ibérica. Limita con Asturias (N.), Castilla la Vieja (E.), Extremadura (S.), Portugal y Galicia (O.)» o descubrir a Miguel Hernández recitando: « leoneses, navarros, dueños / del hambre, el sudor y el hacha, / reyes de la minería / señores de la labranza, / hombres que entre las raíces, / como raíces gallardas, / vais de la vida a la muerte, / vais de la nada a la nada: / yugos os quieren poner / gentes de la hierba mala, / yugos que habréis de dejar / rotos sobre sus espaldas» . En breve se acometerá la reforma del estatuto de autonomía de Castilla y León. Resulta grotesco que en España se reconozca la nacionalidad de Cataluña pero que se niegue insistentemente que Castilla y León está formada por dos regiones históricas. Confiemos en que empiece a imperar el sentido común y se restituya a este milenario pueblo lo que por justicia le corresponde: ser.

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