LA VELETA
Impacientes
El PNV es el partido que más invitaciones recibe del jefe del Gobierno para dialogar en La Moncloa, y ayer fue su presidente Josu Jon Imaz quien dialogó con Rodríguez Zapatero durante más de dos horas sobre la situación creada tras el alto el fuego de ETA y el plan a seguir con vistas a la meta de una paz definitiva. Resultaba difícil de imaginar hace poco más de dos años que la incomunicación mantenida entonces por el presidente Aznar con el PNV derivara, unos meses después con el cambio de Gobierno, hacia relaciones fluidas y mutuos deseos de colaboración en el proceso de pacificación que, dicho sea desde la esperanza, estaría a punto de iniciarse. Y no resultaba menos imaginable que al radicalismo progresivo de Arzalluz le sucediera en el PNV un hombre templado en apariencia, sereno, dialogante y, por encima de otras cualidades, sensato. Arzalluz no ha desaparecido, y lo que antes pensaba y defendía lo representa y defiende ahora Joseba Egibar, con diferencias de matiz, obviamente. Pero el poder interno está en manos de Imaz, y éste lo ejerce con habilidad y mesura. Han pasado en las últimas semanas por La Moncloa el portavoz del grupo parlamentario vasco en el Congreso, Josu Erkoreka, y el lendakari Ibarretxe, y ante ellos, como ayer ante Imaz, subrayó el presidente el papel fundamental del PNV en la etapa que abre el alto el fuego etarra, en proceso aún de verificación. Esta actitud de Rodríguez Zapatero tiende a reconocer, por un lado, el peso sociopolítico del nacionalismo democrático en Euskadi, y por otro, a disipar los recelos que venían reconociendo dirigentes del PNV ante la posibilidad de verse marginados del primer acto del proceso de pacificación, que es la paz y que obviamente tiene dos protagonistas esenciales, el Gobierno central y ETA. Cuando habla, Imaz da la sensación de sentirse instalado en la Historia, y al referirse ayer a las perspectivas de paz que se abren, es decir, a la paz, dijo esta frase: «Esa es la responsabilidad de esta generación». Y sobre la verificación del alto el fuego, subrayó que ha de verificarse «si se corresponden los hechos con la desaparición plena de cualquier tipo de acto violento, de amenaza, de chantaje o de extorsión». No tiene más remedio Imaz que manejar hábilmente la impaciencia del lendakari, que fabrica planes a menudo y anhela una mesa en la que depositarlos. Y la impaciencia de Batasuna, que ve desde su ilegalización cómo van acercándose las elecciones municipales sin posibilidad, por ahora, de presentarse a ellas. Tal vez resulta más sencillo gestionar la impaciencia de la izquierda aberzale que la del impulsivo Ibarretxe.