Diario de León
Publicado por
FEDERICO ABASCAL
León

Creado:

Actualizado:

ALGUNOS catalanes, pocos o muchos, pasaron años mostrándose soberanamente aburridos de la gobernación larguísima de Jordi Pujol, al que ciertos intelectuales y personajes de la farándula culpaban de impregnar a Cataluña de un aroma pequeño burgués. Pero una vez amortizado Pujol, y a medida que la irrupción de un partido inmaduro en la Generalitat ha ido destrozando la imagen del oasis -oasis de «seny», de sensatez y de equilibrio emocional-, los antes decepcionados o alicaídos por el nacionalismo pujolista han empezado a sentirse inquietos por los juegos malabares que el gobierno tripartito viene haciendo con sus propias contradicciones. La supuesta o no tan supuesta deriva de la izquierda catalana hacia el nacionalismo, espoleada por el independentismo republicano de ERC, habría inspirado al grupo de descontentos el deber de pasar de la crítica a la acción. De ahí que hayan organizado el embrión de un nuevo partido político, Ciutadans de Catalunya, cuyo signo diferencial sería el de tomar un poco a broma los hechos diferenciales y considerar el entusiasmo y las creencias nacionalistas como una enfermedad. Tal diagnóstico es compartido en el planeta por sagaces observadores de las realidades humanas y, en España, por muchos millones de simples ciudadanos. No es, pues, extraño que la presentación en un teatro de Madrid de Ciutadans de Catalunya fuera recibida con agradecido alborozo, ya que el público parecía compartir las clarividentes obviedades ideológicas de esta plataforma catalana y, sobre todo, el humor con que el actor Boadella las exponía. La parte más seria correspondió al excelente periodista Arcadi Espada, que anunció la transformación de este grupo de ciudadanos en partido político a partir del próximo julio. Pero antes, en junio, se esforzarán con mayor o menor denuedo en predicar el no en el referéndum estatutario del día 18. Al defender el no al estatut, adelantan que todo lo que no sea el sí debería considerarse como un fracaso del gobierno tripartito, pero como ese gobierno ya ha fracasado, el fracaso debe atribuirsele a Maragall. Le da así este grupo de ciudadanos hipercríticos un toque plebiscitario al referéndum, pero no es de esperar que los electores catalanes pretendan que a su voto se le haga más de una lectura. Boadella, sin embargo, podría hacer cincuenta lecturas del momento actual, de la pandemia identitaria que nos invade o del guión nacionalista que marca el ritmo de la política española. En verdad, suceden algunas cosas que sólo se explican porque las exigiría ese guión.

tracking