Publicado por
MARÍA J. MUÑIZ
León

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SI A MENUDO la investigación vive de espaldas a la sociedad, no es menos cierto que la sociedad hace lo propio con los investigadores. Incluso los empresarios suelen andar enredados en sus cuitas y con menor empeño del que sería deseable se ocupan de las mejoras de las que la ciencia puede proveerles. Debe ser así, pues no se entiende de otra manera que los expertos del proyecto Tribiotec que esta semana están en León anden pasando casi de puntillas por los ecos de la ciudad, fuera del ámbito investigador en el que propiamente se mueven, concretamente la biotecnología. El proyecto que ahora da sus primeros (y ambiciosos) pasos pretende que tres regiones tan distantes y distintas como de comunes potenciales económicos avancen de la mano en investigación biotecnológica en sanidad animal, agroalimentación y medioambiente. Y ambiciona también que las empresas participen de esta marcha común, crezcan con ella, se lucren con ella. Porque al fin y al cabo es la riqueza de las empresas la que crea la riqueza de los territorios. León, como ha hecho Québec, como pretende hacer Bío Bío, cuenta con un enorme potencial en desarrollo de biotecnología y agroalimentación. Cuenta con la posible industria y tiene más que consolidada una materia gris de lujo en la Universidad, en lo que han sido sus bastiones tradicionales, como Veterinaria, y en las nuevas iniciativas, caso de Inbiotec. Tiene tradición académica y también empresarial, con una historia en producción química y farmacéutica que no puede caer en saco roto. Tiene. Pero del pasado no se vive, y el futuro viene arrasando. Hace mucho que sabemos que la biotecnología y la agroalimentación son una gran oportunidad de desarrollo y futuro. Ahora llega un carro engalanado. ¿Vamos a dejarlo pasar?

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