Diario de León
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La lacra de los niños soldados La Coordinadora de ONGs para el Desarrollo de España (CONGDE), en el marco de la campaña publicitaria «Pobreza Cero», ha contado con el cantante senegalés Ismael Ló y también con Kiko Veneno, Antonio Orozco, Iván Ferreiro y los conjuntos musicales «La Unión» y «Revolver». «Queremos ser la primera generación que sea capaz de erradicar la pobreza en el mundo», ha manifestado su portavoz. El hambre finiquita, diariamente, a 30.000 vidas en todo el planeta. Por otra parte los niños, para poder subsistir a la hambruna, en la República Democrática de Congo, trajinan de picapedreros, porteadores, pastores o soldados. El Congo sigue siendo un suplicio para los críos: vergel para la explotación infantil y para alistar niños soldados. Unos 33.000 chiquillos fueron movilizados -muchos por la fuerza- para luchar en las dos contiendas empalmadas, entre 1996 y 2002, y que han provocado casi cuatro millones de víctimas en este país marginado, que ronda con los 60 millones de personas humanas. La República Democrática de Congo ocupa el noveno lugar en el marco de muertes de vástagos que no franquean los cinco años. Poco más del 15 por ciento han pasado por la escuela y un 0,7 por ciento han obtenido un diploma universitario. Según Unicef, los menores entre cinco y catorce años, padecen injusticias y son engañados: El 28 por ciento de los infantes congoleños se ven forzados a ganarse el sustento. Una cifra que no es la peor de África: lejos del 65 por ciento en Níger, el 60 por ciento en Ghana, Chad, Burkina Faso y Sierra Leona, con salarios menguados que apenas atenúan su indigencia. En La Haya, la Corte Penal Internacional, acaba de iniciar el primer sumario, por crímenes de guerra, frente a Thomas Lubanda, ex jefe guerrillero en Ituri, en el poniente africano, imputado de reclutar «kadogos» -pequeños combatientes-. Medard de 17 años, fue alistado como soldado, opina que no le parece bien que se exploten a los chicos para la guerra: «Los soldados deben haber sido entrenados para combatir». «El niño merece el máximo respeto», afirmó Juvenal. Clemente Ferrer Roselló. Sobre el suelo de parqué taconean los vecinos de arriba. Taconean de forma estruendosa y constante, añadiendo ruido innecesario al ruido acaso igualmente innecesario con que obsequian a diario a los del piso de abajo. Llegan de la calle con sus tacones pizpiretos o apabullantes y cruzan el piso con la vaga promesa nunca confirmada de que muy pronto, enseguida, se q uitarán sus zapatos, se pondrán unas zapatillas, tan cómodas, tan amorosas y dejarán en paz a los vecinos de abajo. Pero quiá. Cruzan y recruzan el piso de parqué, lo pasean de forma inmisericorde y por razones difíciles de imaginar, para los que sobre, un piso más abajo se quitan sus ruidosos zapatos apenas entran en casa. Por comodidad a todo vecino le debieran esperar unas zapatillas amorosas. Y por respeto a los de abajo, que se deben tener muy presente. Los del piso de arriba no parecen haberse enterado de que abajo vive alguien y, por añadidura, practican el deporte, que alguna vez llegará a ser olímpico, de arrastrar los muebles por el parqué. ¿Qué misteriosa razón obliga a los vecinos de arriba a cambiar el sitio de los muebles cada día? O incluso cada noche, porque para ellos no hay horarios sagrados, ni siquiera horarios respetables. ¿Es que los vecinos de arriba no duermen, no descansan, no se sientan nunca a charlar con voz de comedida y benéfica intención? ¿de qué extraña cueva proceden los vecinos de arriba? Traca, traca, los vecinos de arriba taconean a más y mejor y convierten en ruido insoportable hasta la respiración. Siempre tienen catarro, siempre hablan a gritos, siempre son más de la cuenta. El colmo de los colmos ocurre cuando los vecinos del piso de arriba bajan un día llenos de cólera y llaman estruendosamente a tu puerta para protestar porque has puesto demasiado alta la música de Mozart. Anatolio Calle Juárez (Navatejera). Luis (León; debate en la edición digital).

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