Otras alternativas
El 22 de febrero de 1.908 nacía en Benavente una mujer excepcional. Digo excepcional porqu e, formando parte de una familia numerosa y humilde que no pudo dar estudios, ni a ella ni a sus hermanos, fue lo suficientemente hábil e inteligente para crear un taller de modistillas que regentó con soltura hasta que se casó. Después creó su propia familia, viniendo años más tarde con su marido y sus dos primeros hijos a vivir a León, donde nacieron otros cuatro. Con gran esfuerzo les animó para que estudiaran y logró que los seis hicieran la carrera de Magisterio. Aunque en su infancia no pudo ir mucho a la escuela y no aprendió a restar lo que sí supo es sumar de maravilla y, en los difíciles años de la posguerra, hacía el milagro de convertir dos pesetas en cuatro, logrando en la mesa, cuando se sentaban a comer los ocho miembros familiares que todos tuvieran su ración de tres o cuatro albóndigas. A veces se presentaban a ultima hora a comer un tío de La Bañeza o un amigo de Celadilla, pero siempre lo arreglaba añadiendo un poco más de salsa y pan y nadie acababa con hambre. Quedó viuda hace cuarenta y un años, pero siempre estuvo al servicio de sus hijos, asistiendo a hijas y nueras en los partos y crianzas de sus nietos. Fue experta en hacer tortillas. Confeccionó cientos de metros de puntilla para colchas y toallas que regalaba a hijos y nietos. Siempre fue una mujer activa, pero lo más grande de ella ha sido que, en sus noventa y ocho años de vida, jamás hubo una persona que conociéndola, no la quisiera. El único «pecado» que se le conoció, ya muy mayor, fue hacer algu na trampilla con la baraja cuando hacía solitarios, pues decía que si no, no la salían. Visto lo cual, estoy seguro de que, cuando entre en el cielo, le harán pasillo los demás santos que estén allí, el que le lamían los perros las heridas o el que se rascaba la lepra con una teja. Todos fueron buenos, pero mi madre, que tanto hizo por nosotros y fue esclava de mí muchos años por pasarme la infancia, adolescencia y parte de la juventud en la cama de reposo por una enfermedad de huesos, estando siempre a mi lado, no se les quedó atrás. Descanse en paz esta humilde mujer que lo dio todo por los demás. Hasta su apellido fue humilde. Adiós Ana Pérez. Adiós mamá. Manuel Alonso Pérez (León)