Publicado por
FABIÁN ESTAPÉ
León

Creado:

Actualizado:

YA HAN TRANSCURRIDO unos sábados desde la manifestación a favor de la autonomía de León que recorrió varias calles de esta hermosa ciudad. Los cálculos generalmente benévolos de la Policía Local evaluaron en unas dos mil personas de todas las edades y sexo las que cerca de las diez de la noche se congregaron en los regazos de la Pulcra Leonina ¿Dónde si no?. Vale ciertamente la pena observar -no podía ser de otro modo-que no se produjo el menor incidente en una manifestación en la que, con banderas, carteles y emblemas, se estaban dando una muestra más de un deseo que va más allá de lo local; no se trataba sólo, con ser mucho, de un sentimiento subterráneo que a veces florece porque desborda la piel, aclara la garganta y se presta a una coincidencia de voces, cánticos y manifestaciones reiteradas. Entre los cánticos los manifestantes gritaban: «La prensa que está presente que vea que somos mas de veinte». Y así era como hemos dicho al principio del artículo. Pero lo que dominaba todo el amplio espacio de una de las catedrales más ambiciosas y bellas de la orden cristiana era la voz de León, conjugada de mil maneras, rimando todos los himnos y estrofas de los pueblos de León y su alfoz. Para los que, como el que suscribe, han asistido por primera vez a una manifestación festiva y valiente, el espectáculo ha sido inolvidable. Cada vez resulta menos comprensible que en el clima de improvisaciones bajo el cual se desarrolló la Transición en lo que a delineación de las comunidades autónomas se refiere, se admitieron un número no reducido de uniprovincias del dibujo de Javier de Burgos en 1833 y en cambio, dejando a un lado las tres provincias del Reino de León, se agregaron cinco provincias castellanas; una de las cuales, Valladolid, supera en centralismo al antiguo de Madrid, como ha revelado Rodolfo Martín Villa. Faltaba a los excesos de ese centralismo la aspiración vallisoletana a erigir la capital de la provincia en la capital de León y Castilla. Aquí merece la pena recordar unos versos de Jorge Guillén: «Ser de Valladolid no es mala cosa. Allí nació Felipe II. Lo malo es estar en Valladolid». No creo que la manifestación aquí recordada sea la última. Existen razones para repetir. Tal vez sea bueno recordar el primer verso de un gran poema de Don Miguel de Unamuno:«Repetición, sustancia de la dicha». Aunque reclamar la atención sobre poemas de don Miguel Unamuno carezca de sentido practico el vociferante alcalde de Salamanca, don Julián Lanzarote, ya dilapidó recursos públicos en una campaña obscena en la que, invocando muchas expresiones históricas de Unamuno, advirtió: «Venceréis pero no convenceréis». Como era de esperar, los pleitos de Lanzarote han terminado entre rocas.

Cargando contenidos...