LA VELETA
¿Se puede creer a ETA?
ESTÁ ocurriendo con el «proceso de paz» algo que era previsible: ETA no se limita a negociar con los representantes de Zapatero sino que en ocasiones hace declaraciones, lanza comunicados y utiliza su propia prensa en relación con las cuestiones que se plantean en los encuentros de las dos organizaciones. Esta actitud ha comenzado a colocar al PSOE en situaciones muy delicadas, ya que de ser ciertas las afirmaciones de ETA aquel habría estado mintiendo de forma sistemática a la opinión pública. Por ejemplo en relación con la existencia o no de «compromisos» entre ETA y el PSOE o en relación con determinadas fechas... Lógicamente, las tomas de posición de ETA/Batasuna y de sus dirigentes son seguidas con un interés grande por la sociedad española, incluidos los dirigentes del PP, y es, en este punto, donde surge el escándalo de los socialistas. Así, la vicepresidenta de Gobierno se rasga las vestiduras al comprobar que Mariano Rajoy critica el Gobierno en función de unas informaciones de Gara. ¿Cómo es posible que aquellos que consideran que la única relación que puede mantener un partido democrático con ETA sea la guerra y, sin embargo, conceda algún tipo de valor a las opiniones de sus dirigentes? Como se ve los socialistas pudieron hacerse la ilusión de que el «proceso de paz» iba a dejar anulado al Partido Popular, que se vería obligado a estar siempre al lado de las versiones del Gobierno. En una palabra, la dirección del PP tendría que tener las manos atadas a la espalda, sin márgenes posibles para la crítica. En cambio los socialistas podrían moverse con total discrecionalidad ya que, frente a ETA, únicamente el suyo sería el punto de referencia válido. En esta tesitura, el Gobierno podría afirmar unas cosas, desdecirse de otras o mentir con absoluta impunidad. Sin duda Rodríguez Zapatero quiso imaginar que, al montarse en el tren del «proceso de paz», iba a poder disponer de todas las bazas propagandísticas. No cayó en la cuenta de que, para el PP, el dichoso «proceso» es radicalmente condenable, ilegal y antidemocrático. Es decir, que los fines de la paz con los que Zapatero intenta montar su personalidad no le dan autoridad alguna. Más aún: el presidente de Gobierno parece no querer entender que él es con su política negociadora el que da carta de ciudadanía y respetabilidad a ETA. Pero quizá la cuestión más peliaguda que plantean las declaraciones contradictorias de ETA y el Gobierno tiene que ver con las distintas posiciones que pueden existir en el interior de ETA en torno a las formas de legalización de Batasuna. Esto ha comenzado a poner nerviosos a los socialistas. O sea, a la otra parte negociadora.