LA VELETA
Nunca máis
LA LUCHA CONTRA los efectos del hundimiento del Prestige y la que se está librando contra el centenar y medio de incendios que están asolando los montes gallegos están poniendo de manifiesto hasta qué punto es fundamental el sentido de Estado y la presencia de éste en determinadas circunstancias. A pesar de la terrible campaña política que promovieron los socialistas y los nacionalistas gallegos con el Prestige , se puede decir que en aquel caso fue de una gran eficacia la batalla misma contra el chapapote así como lo fue la reparación, casi inmediata, de los daños a los afectados por la desgracia. En cambio, con la catástrofe de los incendios de Galicia va quedando al descubierto día a día la debilidad de los aparatos de Seguridad en este campo. Los ciudadanos hemos podido saber cómo fueron desmontados los equipos que habían llegado a ganar en tiempos de Fraga la batalla contra la peste de los pirómanos y cuáles habían sido los criterios que tuvo la nueva Administración al sustituirlos por los actuales. Al margen de las razones derivadas de los carnets partidarios, en la selección de los nuevos expertos se tuvo más en cuenta el dominio del idioma gallego que la capacidad técnica y el conocimiento del medio rural. En la valoración de la batalla contra los incendios de Galicia no deberíamos dejar de tener en cuenta un hecho fundamental, como es que una región (tenga o no la consideración de nación o realidad nacional) no puede disponer de los medios que lógicamente puede tener un Estado. Pérez Touriño está al frente (es un decir) de la batalla contra los incendios; en el caso del Prestige , Rajoy se hizo cargo del control. La nueva distribución territorial que están defendiendo los socialistas y los nacionalistas periféricos (con sacrificio del Estado) está comenzando ya a dar sus frutos: esta permitiendo conocer las inmensas lagunas que deja en servicios básicos generales la retirada o la desaparición de la Administración central... Y no se trata del papel más o menos interventor del Estado, sino de la desaparición misma de éste en favor de diecisiete, muy suyos, muy pequeñitos y muy infelices. Y digo que estamos asistiendo a esta experiencia con los incendios de Galicia del mismo modo que ayer, en otro orden de cosas, con la huelga salvaje del Prat o con la inmigración irregular o con la oleada de asaltos a domicilios o con el terrorismo internacional y local. «Nunca máis», gritaban los voceros de la oposición en tiempos del Prestige . A Rajoy comenzaron a llamarle asesino. Luego el Prestige dio paso a las campañas contra la guerra de Irak. Los «asesinos» perdieron las elecciones por los auténticos asesinos del 11-M. Desde entonces ya no hemos vuelto a oír el grito de «nunca máis». Porque están en el poder. Y no pueden detener el fuego.