AL TRASLUZ
Con Ratzinger
EL PAPA ha pedido disculpas. Y no lo ha hecho como reconocimiento de un error, que no cometió, sino para expresar su consternación por haber sido malinterpretado. Hay herida, pero no hubo ataque. Ratzinger, una de las grandes inteligencias de nuestro tiempo, mantuvo que fe y racionalidad han de ser compatibles. Nada que rectificar, pues. Pero ciertas iras no necesitan excusas para estallar. Cuánto estará rezando el Pontífice, para que se le conceda estar a la altura de tan forzado conflicto. Ya ha aclarado que la cita del siglo XIV no representa su opinión sobre el Islam , aunque, quizá, quepa intuir que para un integrista el desencadenante hubiese podido ser cualquier otro. No debe disculparse por negar que haya guerras santas, que ninguna fe se puede propagar con violencia. También la Iglesia cometió antaño graves errores al respecto, de los que ya pidió perdón, a veces tarde. De momento, es posible que los dos asesinatos en Somalia sean una represalia contra sus palabras. El Vaticano rechaza El Código da Vinci, pero no ha convocado una cruzada violenta contra su autor y los países donde se publica. Y condenó las caricaturas sobre Mahoma. Benedicto XVI no impone su mensaje, luego tampoco debe callárselo. Las creencias no son opiniones, pero eso no implica que hayan de quedar fuera del análisis crítico de quienes no las comparten. Las discrepancias religiosas, incluso cuando sean blasfemas o lo parezcan, no han de ser convertidas en afrentas sólo reparables con sangre. En nombre de la libertad de expresión se dicen cada día muchas tonterías, pero aún más en el de los dioses encolerizados y ofendidos. Hay herida, pero no hubo ataque.