Diario de León
Publicado por
MARÍA J. MUÑIZ
León

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ES CURIOSO el negocio inmobiliario en los últimos tiempos. Se mueve entre el boom y el bluf , entre el crecimiento de precios que sigue, aunque menos, y entre quienes quieren ver en el menos la hecatombe del desinfle de la burbuja inmobiliaria que llevan predicando hace tanto tiempo. Es curioso, decía, porque se está convirtiendo en un negocio de ida y vuelta. Hasta ahora el empeño general de este país de propietarios (las alternativas siguen siendo poco atractivas, qué le vamos a hacer) era comprar un piso y acabar de pagarlo cuanto antes, que siempre era un periodo largo al menos como media vida. Desde ahora, cuando el «cuanto antes» es más largo que nunca, la vida del comprador de vivienda tendrá un camino de ida, el de la compra, y otro de vuelta, el de la hipoteca inversa. Se trata de pagar durante los años en que uno tiene más o menos posibles, para vender a partir de una determinada edad en los mismos cómodos plazos al banco el piso adquirido, y ganarse un dinerillo al mes con el que completar las pensiones en caso de necesidad. O de querer llevarse puestos los ahorros y sacrificios de toda una vida, y que salga el sol por donde quiera para los herederos. Es así porque aún estamos lejos de los países como Japón, donde el piso se adquiere por generaciones: lo compramos hoy, acaban de pagarlo nuestros nietos. Ahora la fórmula de la hipoteca inversa es válida, pero en unas décadas habrá que replantearse la cuestión. ¿Cuándo podrán revender sus pisos los jóvenes de más de treinta años que hoy firman hipotecas a cuarenta años? ¿Cómo sobrevivirán, con las paupérrimas pensiones que se anuncian para entonces, entre que acaban de comprar sus pisos y empiezan a venderlos? Habrá que ir pensando una nueva fórmula.

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