TRIBUNA
La ética cotidiana León, una sola voz
GRITABAN: ¡Libertad, libertad! Exultantes, maravillados por los tres escaños más bellamente adquiridos en la historia de nuestra paupérrima democracia. Libertad para ser bilingües, libertad para desarrollarnos como seres humanos, libertad para expresarnos como ciudadanos y hacer llegar nuestra voz a las instituciones. Libertad para acabar con la pobreza en todas sus dimensiones. Libertad para crear, participar, colaborar en los programas del Gobierno. Siempre ha sido Cataluña la comunidad española de referencia para la defensa de los derechos y las libertadas. Pero en los últimos años, el nacionalismo, inevitable en apariencia, parecía descartar a los individuos con deseos de ser seres diferenciados, con derechos particulares en cuanto personas, no simplemente soportes para la creación de una nación supuestamente natural. Pero en esta noche aparentemente oscura se ha hecho la luz. Han levantado la voz y ya son unos cuantos. Partido testimonial donde los haya, pero que va a las raíces de nuestro ser humanos como animales políticos y sociales con derecho a ser nosotros mismos, cooperando con los demás. Ciudadanos por Cataluña son un pequeño milagro que nos inunda de esperanzas en que es posible una España mejor, donde los que tienen mucho no se avergüenzan de ser españoles o de hablar la lengua castellana. Adiós a la tribu. Grita libertad. Albert con un desnudo nos devuelve al estado de gracia, a la inocencia de cuando éramos adolescentes y jóvenes y queríamos hacernos a nosotros mismos, más allá de las presiones de los grupos de poder. Ojalá Ciudadanos por Cataluña se convierta en una fuerza moral que ayude a mejorar nuestra precaria democracia de un voto no sé para qué, y si he votado esto, ahora me trago esto otro... Otra democracia es posible... Y una España renovada, libre de tabúes y dogmas, está dando con firmeza sus primeros pasos. Una España de la solidaridad, donde las libertades humanas y los derechos de los individuos sean protegidos debidamente. Ni CiU, ni PSC, ni verdes, ni populares o republicanos de izquierdas (¿) han sido los ganadores morales de las últimas elecciones en Cataluña. Los ciudadanos gritando libertad, libertad, han marcado un hito histórico. Ojalá se multipliquen y se extiendan a otras tierras de España. Porque la libertad, juntamente con la solidaridad y la justicia, son las llaves y la clave para una vida de goces y satisfacciones irrenunciables. Gritemos libertad, con todas sus consecuencias, hasta el límite, hasta la frontera en la que transitan los demás. LA SOCIEDAD leonesa tiene hoy la obligación de salir a la calle para convertir en única la voz de todos contra la violencia de género que, en lo que en lo va de año, se ha cobrado tantas víctimas, tantas mujeres muertas a manos de sus esposos, ex esposos o compañeros, como las que se registraron el pasado 2005. Desde la Administración Local hemos emprendido varios programas, los primeros se remontan a 1988 y ya ese año hubo un registro de 150 intervenciones, que nos han permitido, cada vez de una manera más eficaz, atajar un problema que no sólo no nos debe dejar indiferentes o callados a nadie, sino que nos debe empujar a convertirnos en protagonistas principales de las medidas que, de forma personal o colectiva, se adopten para evitar más nombres en esa trágica lista. Nuestra Policía Local ha hecho un esfuerzo notable en el diseño de nuevos programas destinados, si es posible en primera instancia, a la detección y a la protección de las mujeres, víctimas de la violencia de género, desde las diversas vertientes que se deben combinar para una solución integral en cada caso; la preparación de los agentes, la incorporación de sistemas de localización, como son los móviles dotados de GPS o GSM, la presencia habitual de las patrullas en los escenarios cercanos al domicilio de la mujer, la atención sicológica. Este es el perfil de trabajo del Grupo de Atención a Mujeres, conocido por sus siglas, el Gamu. Es sin duda un programa ambicioso pero muy pegado a la realidad en la que desenvuelve, conscientes como somos de la cercanía de la administración local. Pero mi comparecencia en esta tribuna, como representante de todos los leoneses, no tiene por objeto relatarles las medidas que hemos emprendido desde el Ayuntamiento que, por otra parte, son necesarias y siempre insuficientes, porque nos gustaría que fueran determinantes para zanjar esta lacra, al menos en nuestro entorno. Hoy, sobre todo, además de asistir a los diversos actos convocados para mostrar la repulsa generalizada de toda la sociedad leonesa a esta pesadilla que viven muchas mujeres, es un día para la reflexión. Cada ciudadano, cada uno de nosotros, debe, debemos, ser conscientes de la necesidad de hacer un frente común para detener esta plaga. No es un hecho aislado que suceda al margen de nuestra vida: ocurre en la familia, en el barrio, en nuestro espacio cercano en el que nos desenvolvemos. No caben vacilaciones, la sociedad leonesa, sin fisuras, debe dar una respuesta sin titubeos. Los malos gestos, las palabras disonantes, los insultos, la vejación, la intolerancia son caldo de cultivo de la violencia que tantas mujeres aún padecen en silencio y en nuestras manos está el despreciar cualquier actitud que lleve implícita alguno de estos signos inequívocos de uno de los actos más despreciables del ser humano. El basta ya de cada uno de nosotros puede y debe convertirse en el basta ya de toda la sociedad leonesa. España sigue con la política suicida que está haciendo en relación con la familia y con la educación no debería quejarse cuando crezca el acoso escolar, el fracaso académico, la violencia, la incompetencia, la modorra, la desgana, la desmotivación... Ni con todos los cursos de formación del mundo, ordenadores, internet, conferencias, talleres, se pueden suplantar los valores que proporciona la familia. No se compra el amor con los Presupuestos Generales del Estado. A lo sumo, se contenta a los siervos.