Diario de León
Publicado por
YASHMINA SHAWKI
León

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LAS PERSONAS somos falibles. Errar es de lo más humano y tropezar dos veces en la misma piedra aún más pero hacer un hábito de la equivocación acaba siendo una necedad. Cuando como consecuencia de ella mueren miles de personas, se arruina la vida de millones y se sume a un país en el caos la cuestión ya se convierte en un acto criminal que no puede abandonarse al templado juicio de la historia. El presidente Bush, en una cuidada intervención, ha reconocido, por primera vez, que suya es la responsabilidad por aquellos errores cometidos en la invasión de Irak aunque no ha entrado a pormenorizar los mismos. No hace falta, son demasiado evidentes. Un poco de humildad o simplemente realismo, hace mucho, mucho tiempo, probablemente hubiera sido suficiente para apaciguar el desasosiego e iniciar una táctica que hubiera podido paliar el desastre iraquí. En un desesperado intento por seguir taponando la herida por la cual se desangra Irak enviará más tropas, en contra de la mayoría demócrata en el Congreso y de la población norteamericana. Atrapado entre su único compromiso político, la necesidad de ayudar al gobierno iraquí dirigido por un Al Maliki a punto de tirar la toalla, de no hundir cualquier posibilidad republicana en la próximas elecciones y de no convertirse en el peor Presidente de EEUU sigue con la misma estrategia. ¡Ojalá con veinte mil soldados más fuera posible conseguir la reconciliación entre chiítas y sunnitas, lograr el ejercicio de un control real del ejército y policía iraquíes que garantice la seguridad de los ciudadanos y la erradicación de los terroristas! Sin embargo, el humo que viene de Irak recuerda cada vez más a Vietnam y a las tropas norteamericanas huyendo del caos y saliendo por la puerta de atrás.

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