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J.F. PÉREZ CHENCHO
León

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UNA NIEBLA como de pana lisa vestía la mañana leonesa de ayer. Casi sin desperezarse los ciudadanos, una llamada telefónica alertaba a los servicios policiales de la colocación de una bomba en un centro comercial. Pasaban unos minutos de las 8.30 horas. El centro fue desalojado y todo quedó en un susto. El sol acabó imponiéndose a la niebla, y a esa hora lorquiana de las cinco de la tarde, se celebró la manifestación por las últimas víctimas de ETA: dos ecuatorianos que perdieron la vida en el salvaje atentado de la T-4 del aeropuerto de Barajas. Los dirigentes políticos y sindicales de León, convocados por la representación inmigrante, saldaron su falta de reflejos y, una semana después, mostraron el rechazo frontal a la banda etarra y la solidaridad plena con los inmigrantes. La manifestacióin fue ejemplar. No faltó nadie de los que debían estar. Y no se produjo ni un mal gesto ni se gritó una palabra más alta que otra. Contó, incluso, con la emoción de un niño pelopincho, sin duda hijo de inmigrante, llevando la bandera española con marcialidad legionaria. El clima de la manifestación leonesa contra el terror es el que demandan los ciudadanos a los partidos nacionales. La sociedad leonesa le puso una Opa hostil a ETA. Y como va de opas, pasemos de las emocionales a las que jamás se ponen en el bolsillo al lado del corazón. Esta semana el Gobierno español ha comunicado a la Comisión Europea que no modificará las cuatro condiciones que ha puesto para la opa sobre Endesa. Entre las cuatro condiciones hay una de especial interés para la minería leonesa: la obligación de que sus centrales térmicas, como Compostilla y Anllares, sigan consumiendo carbón nacional. La comisaria de la Competencia, Nely Kroes, considera esa condición ilegal. Hasta ahora no he escuchado ni a la eléctrica E.On, ni al actual presidente de Endesa, Manuel Pizarro, aceptar expresamente esa condición. Si las centrales térmicas de interior no tienen la obligación de consumir el carbón que se produce en España y quedan supeditadas a las decisiones que se tomen en Alemania, en función de complejos e intereses internacionales, el Plan del Carbón -el mejor que se ha firmado nunca- será papel mojado. De nada habrán valido ni las negociaciones, ni las movilizaciones, ni los infinitos fondos públicos invertidos en saneamientos y prejubilaciones. Esto lo sabe todo el sector: sindicatos y patronal. Me lo ha recitado de memoria, como si fuera el nuevo catecismo negro, Laudino García, con quien almorcé el viernes. Por eso extraña que anden polemizando con el Ministerio de Industria cuestiones de detalle, cuando lo que está realmente en cuestión es el conjunto del Plan del Carbón si Endesa deja de tener la obligación de consumir carbón nacional. El Ministerio de Industria ya se sabe que no es ningún ejemplo de transparencia y de comunicación. Ni siquiera es capaz de transmitirla cuando tiene razón, como en este caso. Por ello, a pesar del propio Ministerio, y por la cuenta que nos trae a los leoneses, debemos defender con uñas y dientes, frente a los alemanes de E.On y sus aliados, la obligación de que las centrales térmicas de Endesa sigan consumiendo todo el carbón nacional que se produzca.

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