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JUAN F. PÉREZ CHENCHO
León

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TENÍA entre ceja y ceja cribar la maniobra de la Junta para la estación de San Glorio. Pero a la hora del vermú comenzaba el tercer partido de la eliminatoria de Copa Davis entre Suiza y España. Se jugaba el encuentro de dobles. Fue un choque de tenis inusual: se resolvió en cinco sets y con casi cinco horas de titánica lucha. Los entendidos tienen que hacer memoria para recordar batallas parecidas. Yo no he empuñado una raqueta más de dos veces en mi vida. Sin embargo, me quedé sellado al asiento, incapaz de mirar a otros acontecimientos deportivos de máximo interés nacional o provincial. El tenis eclipsó la primera semifinal de la Copa del Rey de baloncesto, la vuelta al parqué del Ademar, o las riadas blanquiazules y rojiblancas de la Ponferradina y el Sporting. El Sil era un arcoiris con anclaje en El Toralín. Quizá algunos hicimos ante el televisor una jornada laboral tan densa y extensa como la de los funcionarios públicos. Después de casi cinco horas, España venció en el encuentro de dobles. Un partido de infarto, heroico. Fue en Ginebra, pero nosotros arropamos al café con orujo. Tras permitirme este introito, paso al tema que tenía entre ceja y ceja. Los alcaldes de la montaña oriental leonesa -me consta que la mayoría absoluta, aunque públicamente sólo salgan los leonesistas y socialistas- están que trinan con la maniobra de la Junta de Castilla y León de supeditar la estación de San Glorio a unas directrices de ordenación del territorio (DOT) que incluyen esa comarca con la montaña palentina. Las DOT son el arma que la Junta se ha inventado para desmembrar a las provincias y afirmar el centralismo vallisoletano. Primero lo intentaron con el consejero de Fomento González Vallbé, aquel «Anelka» fichado a golpe de talonario, y ahora lo vuelven a intentar metiéndoselo con calzador a Antonio Silván. Naturalmente, Antonio Silván le ha tenido que decir que sí al consejero de Medio Ambiente, Fernández Carriedo, que también es presidente del PP palentino. Hacen bien los corregidores leoneses en resistir ante una maniobra que atufa. De ninguna manera se puede sostener que forman ni han formado nunca una comarca natural con la zona de Guardo. N o se trata aquí, Dios me libre, de menospreciar a los habitantes/vecinos de la montaña de Palencia. Es más: tengo que rotundizar que, en algunos casos, como especialmente en Aguilar de Campóo, en desarrollo rural, turístico, industrial y cultural, la montaña palentina está muchos años por delante de la de León. Para quien quiera ver un ejemplo modélico en montaña, debe visitar Aguilar de Campoó, el monasterio de Santa María la Real, el Museo del País Románico, ir al Parador de Cervera del Pisuerga y, por supuesto, valorar en su justa medida las más importantes fábricas de galletas de España. Y precisamente por ello, porque se valora como modélico el desarrollo de la montaña de Palencia, no se puede permitir que una oportunidad de desarrollo de la montaña oriental leonesa sea utilizada para intercambiar cromos o se practiquen juegos de manos en los despachos de Valladolid. Por otro lado, ya se sabe: unas DOT elaboradas con la opinión contraria de los ayuntamientos afectados nunca superarán la condición de papel mojado y sin futuro. Las maniobras de la Junta no van a cuajar.

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