EN EL FILO
El intocable Estatut
¿UNA TORMENTA en un vaso de agua? A esto, posiblemente, va a quedar reduci do el escándalo protagonizado por Pérez Tremps, que el PP había celebrado como un gran triunfo. Todo parece indicar que la recusación de este miembro del Tribunal Constitucional, basada en pronunciamientos previos sobre el Estatuto catalán, no tenga más consecuencias. Gana terreno la sospecha de que el Gobierno sustituirá al profesor por alguien que piense del mismo modo y, de esta manera, las votaciones sobre la constitucionalidad del Estatuto volverán a dar el empate entre los magistrados que defienden las tesis de socialistas y nacionalistas y los que representan las posiciones del PP y, de nuevo, el voto decisorio será el de la presidenta. Han bastado, sin embargo, unas horas para que hayamos podido entrever las tensiones de fondo y la guerra que podría desencadenarse en el caso de que los magistrados del PP hubieran tumbado el Estatuto. Por unas horas -escribía un comentarista de La Vanguardia - la angustia dominó todos los rincones de la política catalana. La incertidumbre se tradujo en un auténtico «temblor de piernas» de todos los que disfrutan de coche oficial, incluidos aquellos que se declaran antisistema aunque cobran de la Generalidad. Y, como cabía esperar, bastaron unas horas tan sólo para hacer oír sus voces airadas y separatistas. Nadie saldría bien librado. El fracaso del Estatuto no sólo ahondaría aún más las diferencias entre nacionalistas y españolistas sino que alcanzaría incluso a quienes habían permitido confiar en el triunfo de aquel. En primer lugar, Zapatero, por haber convertido el proyecto de Estado plurinacional en la gran estrella de su mandato junto al proyecto de paz. Por supuesto, Montilla, por haber montado un tripartito conciliador y por haber rebajado el radicalismo de ERC... Pero también Artur Más por haber salvado el Estatuto en sus conciliábulos con Zapatero. El fracaso del Estatuto podría llevar a Montilla a romper con el PSOE. ZP se vería obligado a convocar elecciones y el PP aparecería en los medios catalanistas como un monstruo. Un analista de Avui anunciaba ya la cruzada por venir: en el caso de que esta no fuera la legislatura del desarrollo del Estatuto, terminaría dando paso a una guerra «por la dignidad de Cataluña». Para algunos habría llegado la hora definitiva de la democrática nación catalana frente a la opresora nación española, representada por los seis magistrados «del» TC. Esta momentánea tormenta en un vaso de agua nos ha permitido imaginar la extrema gravedad de la situación en el caso de que el Estatuto fuera declarado anticonstitucional. Esta ha sido la gran obra de Zapatero en su legislatura, al margen de la otra estrella del «proceso de paz». ¿Será posible la marcha atrás sin drama o habremos quedado presos de un Estatuto anticonstitucional?