EN BLANCO
Contactos
APARTE DE SEGUIR con admiración el tono bronceado que va adquiriendo el señor Rajoy, también conocido como «el niño de la Pancarta», en esa espiral de manifestaciones a las que se ha aficionado hasta el delirio, la sección más divertida de cualquier periódico que se precie es la dedicada a los contactos personales, breves destellos que nos iluminan sobre la condición humana y sus sinsentidos. Los ingleses son en realidad grandes maestros en el noble arte de reírse de uno mismo, tal como evidencia una selección de los mejores mensajes publicados por la prestigiosa revista británica London Review of Books . Entre las perlas intercambiadas por los corazones solitarios, destacan retazos filosóficos de tanto calibre como «Llevo ya 19 anuncios y sigo esperando. Sólo he tenido una respuesta. Era mi madre, para decirme que no me olvidara de comprar el pan al volver de la oficina». O la declaración en toda regla que afirma: «Tu edad es inmaterial, tu aspecto es irrelevante, pero fuera bromas con tu saldo bancario». Aunque en España la ironía inteligente suele brillar por su ausencia, no deja de ser todo un tratado sociológico el abanico de sugerencias sexuales pregonadas en la sección de contactos por profesionales de la coyunda como «Rasputina, cosa fina» o «Sandokana, hago lo que te dé la gana». También hay platos fueres como «Baldomera, especialista en repartir estera». ¿Y qué me dicen de esos seres del llamado tercer sexo que ofertan una caja de aberrantes sorpresas? «Travestí José Ramón, tipa de pelo en pecho y sensible corazón». ¡Ay, delicias de la carne!