EL BALCÓN DEL PUEBLO
Primavera blanca
ESTRENAMOS ayer la primavera. Una primavera blanca. León y todo el norte peninsular era como una postal navideña. Ni siquiera los publicistas del primer centro comercial del país se atrevieron a dar luz verde a su mágico eslógan: «Ya es primavera en El Corte Inglés». Ha nevado con gula en la provincia para regocijo de empresarios de estaciones de esquí e inquietud de hortofruticultores. Nunca llueve, ni nieva, a gusto de todos. Lo peor, dicen, h a pasado. Y tanto. Los vientos alevosos que han acompañado a la primavera blanca, también dejaron su sello de destrucción. Este periódico titulaba ayer -en primera página, a cuatro columnas- que «los bosques leoneses tienen 262 millones de árboles, el triple que hace quince años». Seguro que hicieron el recuento antes del temporal. En la ribera del Órbigo fueron muchos los chopos que doblaron su altivez. Lo he sufrido: en un plantel de mi propiedad, 30 chopos entregaron su desnudez a la tierra. El peor invierno le ha ganado por la mano a la mejor primavera. Queda el consuelo: ya nos anuncian una mejor aurora para los próximos días. No será así en la batalla política, aunque las elecciones municipales y autonómicas se celebren en día de máxima eclosión primaveral: el 27 de mayo. Volverán los días de rosas con las espinas clavándose en las yemas de los dedos. De aquí a finales de mayo, todo es política, tanto a nivel local, como autonómico o nacional. Cada día estoy más convencido de que tendrían que celebrarse elecciones cada dos años, por lo menos. Oler el perfume de las urnas motiva, segrega, actúa, espabila a los que aspiran a retener el poder y a los que buscan alcanzarlo. Se rescatan proyectos cuyos pliegos se han vuelto amarillos con los años. Ahí está la remodelación de la Plaza de las Cortes. Ya le han puesto el corsé de metal. Y colocarán de inmediato la primera piedra. Los tiempos electorales y los de colocación de primeras piedras son indisociables. Tomen nota: en una precampaña se avivan los proyectos más que en una legislatura completa. O sea, pido que se celebren elecciones cada dos años. Es una fórmula mágica para que nuestros representantes nos inviten a vivir, como Alicia, en el país de las maravillas. En un país que no disfruta, políticamente, de la primavera blanca. El paisaje político es de negrura. Hasta los catafalcos de Irak los iluminan cuatro velas negras, una por cada año de la guerra. Los datos son estremecedores: más de 600.000 iraquíes muertos, 3.200 soldados yankis y unos daños colaterales espantosos. Ayer, el corregidor popular de Mula, a la sazón sirio, no dudó en rotundizar: José María Aznar podría ser considerado como un criminal de guerra. Los diputados nacionales Jaime del Burgo y Lopez Medel también han hecho autocrítica. Las condenas de la acción ilegal hacen mella en nuestro país, pero no en Aznar. El ex presidente ha vuelto a defender en Australia la invasión de Irak. Para salvar sus propio s muebles está provocando incendios en el Partido Popular, donde no se vive, precisamente, una primavera blanca.