EN LA CUERDA FLOJA
Profetas
A LO MEJOR es un poco raro, y sólo a mí se me ocurren comportamientos tan extraños. Pero sí, a menudo leo a ciertos críticos literarios o cinematográficos para hacer luego lo contrario de lo que propongan: ir a ver la película, si la machacan, o descartar el libro, si lo alaban. Me sucede también con otros asuntos. Así que, como algunos medios han insistido en atacar con fiereza los mensajes del Papa en Brasil, decidí leer los discursos. Confirmé que Benedicto XVI se atiene a un proyecto de predicación muy coherente, en el que no cuentan la facilidad o el populismo: dice lo que tiene que decir, sin preocuparse de si sus palabras pueden ser bien o mal recibidas. Habla quitándose de en medio, con una humildad extrema: de su imagen sólo le importa que refleje la de Jesús. Se produce con la seguridad de quien sabe que Cristo será siempre signo de contradicción y que el mundo odiará a los suyos, porque apenas hizo otra predicción para su Iglesia que la de asegurarle persecuciones, incomprensión y padecimientos que la historia ha confirmado. Por eso el Papa suena fuerte: «Sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano. La verdad de esta tesis resulta evidente ante el fracaso de todos los sistemas que ponen a Dios entre paréntesis». O bien: «Donde Dios está ausente -el Dios del rostro humano de Jesucristo- los valores no se muestran con toda su fuerza, ni se produce un consenso sobre ellos. No quiero decir que los no creyentes no puedan vivir una moralidad elevada y ejemplar; digo solamente que una sociedad en la que Dios está ausente no encuentra el consenso necesario sobre los valores morales y la fuerza para vivir según la pauta de estos valores, aun contra los propios intereses».