EL REINO DE LA LLUVIA
El otro problema
EL PROBLEMA no es sólo haber perdido o ganado las elecciones, que también lo es. El problema es no entender los resultados. El problema es obstinarse en que yo tuve más votos que usted y por tanto yo le he ganado. Aunque haya perdido el gobierno de cientos de ayuntamientos, de diputaciones, autonomías y cabildos. Aunque el mapa electoral haya cambiado de color yo sigo diciendo que gané las elecciones porque tuve más votos que uste d. Hasta ayer mismo un servidor creía que cuando un partido político concurría a los comicios generales era para tener el mayor número de diputados y poder gobernar. Y que cuando ese mismo partido se presentaba a unas municipales era con el objetivo de lograr el mayor número de concejales que le permitieran hacerse con el gobierno de los ayuntamientos. Pero, claro, uno también se equivoca. Porque, por lo visto, hay partidos que se conforman con haber ganado en número de votos, aunque hayan visto mermada sensiblemente su capacidad de poder y de gobierno. Y ese es un serio problema para todos. Para usted y para mí, también. Porque nadie discute que lo que los peatones de este país queremos es una oposición firme, seria, rigurosa y leal. La venimos reclamando desde hace ya demasiado tiempo, sin gran éxito, por cierto. La venimos demandando porque entendemos que con una mejor oposición tendremos también un mejor gobierno, que dicho sea de paso, tampoco nos vendría nada mal. Pero no lo conseguimos. Y por lo que escuchamos en las últimas horas tampoco va a ser tan fácil. Porque si siguen manteniendo en su discurso lo de «vuelco electoral» y lo de «los mejores resultados de la historia» es que no han entendido lo ocurrido el domingo. Que los electores les han quitado poder en media España. Y tampoco han entendido que una cosa es tener más votos y otra distinta gestionar, gobernar y decidir. Que se supone que es para lo que se presentan. Pero puede que nos equivoquemos y que lo único que quieran con ese discurso es reforzar su cargo y legitimarse dentro de su propio despacho. Y que todo lo demás les importe un pito.