EL MIRADOR
Navarra y los pactos
MAÑANA se constituye el Parlamento foral navarro y cuando se escriben estas líneas todo indica que está cerrado el pacto entre el PSN y Nafarroa Bai que, con el apoyo o la abstención de IU, daría el Gobierno al socialista Fernando Puras. Como es conocido, las elecciones autonómicas fueron ganadas por UPN, con 22 escaños de un parlamento de 50 asientos; en segundo y tercer lugar, se situaron Nafarroa Bai y el PSC que empataron a 12 escaños; Izquierda Unida y el CDN -escisión de UPN- obtuvieron dos escaños cada uno. El PSN ha manifestado con suficiente claridad que la coalición en ciernes se formará sobre el acuerdo de no proponer reforma alguna del statu quo de Navarra; es decir, no sólo no se activará la mencionada Transitoria Cuarta, que establece el método de integración de Navarra en Euskadi, sino que tampoco se creará algún mecanismo institucional de coordinación parlamentaria entre las dos comunidades en los ámbitos lingüístico y cultural, en el que el vínculo es evidente. Es decir, NB se plegará a la exigencia socialista, consciente de que su posición vasquista y soberanista está en franca minoría en Navarra, por lo que acepta participar en un gobierno progresista a costa de renunciar de momento a sus pretensiones identitarias. Pese a ello, el PP ha puesto el grito en el cielo. Tras manifestar que antes daría su apoyo al PSOE que a quienes «no creen en Navarra», ha pronosticado unas «consecuencias nefastas» al pacto PSN-NB, que no se quedarán en Navarra, sino que se extenderán a toda España. Es perfectamente razonable que el PP no vea con agrado la coalición PSN-NB, que sin embargo es democráticamente inobjetable toda vez que vincula a dos partidos políticos y que quien será la cara visible del nuevo Gobierno cumple la palabra dada a sus electores de no alterar la posición institucional y foral de Navarra. Pero no tiene sentido dramatizar esta fórmula, ni presagiar grandes males para Navarra y para todo el Estado. El «España se rompe»se ha vuelto una cantilena inconsistente, toda vez que, salvo ETA, nadie parece muy interesado en tal quiebra, que por supuesto no toleraría una inmensa mayoría social. Por lo que la criminalización sistemática del nacionalismo democrático que aún tiende a efectuar el PP debe ser revisada, entre otras razones por coherencia con la manifiesta aproximación que el PP está haciendo hacia CiU, conforme a una estrategia perfectamente razonable a medida de que se aproximan las elecciones generales: el PP ha de hacer un esfuerzo de versatilidad para encontrar aliados que puedan ayudarle a completar una hipotética mayoría relativa en el Estado. El PP tiene razón al irritarse por el hecho de que la Fiscalía del Estado no recurriera todas las listas de ANV y no sólo las que creyó contaminadas porque de haberlo hecho quizá nos habríamos librado de estos actores políticos que manifiestamente representan el radicalismo batasuno y presionan sobre los representantes de los partidos democráticos. Pero esta tensión no justifica que haya que cultivar la enemistad hacia PNV y EA... cuya presencia en Navarra es minoritaria pero incuestionable. Nada nefasto ha de esperarse, pues, de coaliciones entre partidos democráticos que respeten la voluntad popular.