Diario de León
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León

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Acoger, comprender y también acompañar Reconocemos y apreciamos los logros obtenidos por el desarrollo de la ciencia médica y de la tecnología sanitaria en todos los campos de la lucha contar la enfermedad y la restauración de la salud, prevención y superación de las enfermedades, diagnóstico, cirugía, tratamiento del dolor, calidad de vida, etc. Al mismo tiempo estimamos el compromiso y esfuerzo de los responsables de la vida política y administrativa en promover y salvaguardar el derecho constitucionalmente sancionado de tutelar la salud de los ciudadanos. Acoger el momento presente de la salud y la enfermedad requiere tener presente los profundos cambios socio-culturales que han modificado en pcoos años el modo concreto de entender y de vivir hechos tan decisivos para el ser humano como son el nacer, el sufrir o el morir. Desde hace unos años, se promueve una cultura de la salud no exenta de graves contradicciones y ambigüedades. Se defiende el respeto y el cuidado de la vida, pero se adoptan comporrtamientos individuales y sociales que difunden una cultura antivida (aborto, eutanasia). Se desarrolla el cuidado del cuerpo, pero se olvida la dimensión espiritual de la persona. Se promueve una calidad de vida que, lejos de favorecer una vida digna para todos, desarrolla un bienestar material para unos y una marginación empobrecedora para otros. Se exalta la salud y se idolatra incluso de manera equivocada. Se fomentan al mismo tiempo, formas de vida insana y conductas de carácter autodestructivo. Vivimos una confianza ilimitada en la ciencia que conduce a contemplarlo todo desde un plano inmanentista, que no es que niegue la trascendencia, sino que prácticamente no le importa y parece no necesitarla para su explicación. Se centra dicho comportamiento en la salud y los problemas fundamentales de la carenciad e salud que necesariamente llevan a la muerte, se ocultan y no se tratan más allá de la cuenta estadística o bien del caso clínico. Se da un desplazamiento de las experiencias dolorosas y se fomenta una especie de sueño prometeico, en el que el ser humano se considera dueño de la vida y de la muerte. El ser humano, sin embargo, es consciente de que aún mantiene un pleito con el envejecimiento, con las enfermedades crónicas incurables, etc... Acompañar en este nuevo contexto es tener en cuenta la mayor esperanza de vida y la natalidad oscilante provocan que la pirámide de población se invierta y que aparezca el envejecimiento de la población como problema en la sociedad y en el mundo sanitario. Anatolio Calle Juárez (Navatejera).

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