EL RINCÓN
Acusaciones
LOS ACUSADOS del 11-M han reiterado su inocencia, pero la inocencia es una de las cosas más difíciles de probar que existen. El Tribunal se ha tomado tiempo y su dictamen se hará público en octubre, cuando el verano haya huido a sus cuarteles de verano y se vendan menos sombrillas y menos cremas solares de diversa protección. La culpa, como la falsa moneda de la copla, es algo que nadie se la queda, aunque vaya de conciencia en conciencia. El eminente psiquiatra Castilla del Pino escribió sobre ella un libro entero. Desgraciadamente, aún no había conquistado esa claridad que es, según dicen, la cortesía del filósofo. Un libro de ardua lectura, aunque no imposible. Lo tengo subrayado en una vieja edición de la Revista de Occidente y no sé si me dará tiempo a releerlo. Claro que tampoco sé quién tiene la culpa: si el autor o yo. Me inclino por los dos. ¿Quién tiene la culpa del estado de malestar de la nación? Dieciocho españoles han muerto en ataques a turistas desde 1994, pero la matanza de Yemen ha sido, a la vez, inesperada y previsible. Ha conmocionado al Gobierno, que lo único que hace en estos casos es transmitir el pésame a las familias. Como la culpa está flotando en el aire, ahora se evita culpar al Ejército del retraso en los inhibidores. El PP acusa al Ejecutivo de enviar a nuestros soldados a «un hervidero de terroristas». El sangriento episodio ha logrado cambiar el decreto de concesión de medallas. Parece que la categoría de las condecoraciones dependía hasta esta luctuosa fecha de que los muertos se encajaran en la sección de «atentado terrorista» o en «acto de guerra». De ahí que las distinciones sean rojas o amarillas. De ahí también el sorteo de las culpas. Se cambian diez acusaciones por una sola solución.