Diario de León
Publicado por
RAMÓN PERNAS
León

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LOS PARAGUAS, como las bicicletas, también son para el verano. En Cherburgo, que se hizo famosa como referencia normanda por la película de Jacques Demi, que protagonizó una espléndida Caterine Deneuve, la película de los paraguas, pues bien en Cherburgo, cuando esto escribo está el cielo encapotado, y las previsiones traen lluvias para el fin de semana. Cerca, en Deauville, en la baja Normandía, por Calvados, donde veranean los ricos parisinos, en el tibio paraíso de los largos y decadentes veranos entre infinitas partidas de bridge, el verano no está ni se le espera. De Madrid para arriba, el verano está, como quien dice por llegar, y en zonas norteñas como Asturias o Galicia los días del estío que no viene corren en nuestra contra. La nubes, los chubascos estivales nos deprimen de manera colectiva, reafirman nuestra depresión endógena como país. Y ni siquiera nos atrevemos a culpar al cambio climático como responsable de los males que provoca el tiempo. Nuestro verano es un exiguo paréntesis entre las comisuras de los labios del calendario. Lo mejor de los días de julio y agosto son las noches, con la luna asomándose por entre el telón del cielo decorado por un surtido de estrellas. Es ese sol torpón y estrafalario de los mediodías que nunca viene para quedarse. Este año el sol eligió otra vez el mediterráneo, las costas levantinas y andaluzas para pasar sus vacaciones. Hay un país del sol y un reino de la lluvia que no aprendió a desmadejar los anticiclones que duermen en las Azores. En Gran Bretaña se fabrican las borrascas que peregrinan a las tierras del finisterre. Solidarios las prendemos en los vientos para que viajen por Asturias y Cantabria. Pero en los veranos debería pactarse un tregua que despejara los cielos que llevara las nubes a un puerto refugio y mudara los claros por un sol refulgente que permaneciera quieto a nuestro lado descansando en el colo del viento. Este año ya no ha podido ser, junio se destempló entre los fríos de las lluvias y julio y parte de agosto han ido por el mismo camino en zonas como Galicia, que lleva camino de convertirse en un parque temático de grises y chubascos sinfónicos con todos los matices de la lluvia. Me queda un mes largo de optimismo para rearmarme con el sol que mas calienta a la orilla virtual de la mar Océana. Por Bretaña y Normadía andan los turistas descifrando el mapa del cielo. Apartan los paraguas para buscar la cartografía de un manojo de raiolas. Estamos a tiempo de preparar una feliz acogida al verano, lo aguardamos, lo esperábamos unas semanas atrás pero se hace el remolón. Les aseguro que está al llegar.

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