Diario de León

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Terremotos y ayuda humanitaria

Publicado por
XOSÉ LUIS BARREIRO RIVAS
León

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LOS TERREMOTOS suelen ser catástrofes de inconmensurable dramatismo, porque, además de destruir ciudades e infraestructuras, y bloquear las ayudas, dejan cuatro secuelas horribles: una población viva que no sabe qué hacer, ni tiene casa ni ropa para cobijarse, ni pan y agua para alimentarse; un montón de muertos que hay que identificar y enterrar; muchos heridos que son difíciles de hospitalizar, y, sobre todo, un gran número de personas sepultadas vivas que, si no son rescatadas a tiempo, están condenadas a una muerte espantosa. Y esa es la razón por la que siempre se dice, con razón, que la ayuda que no es inmediata no es ayuda, y que cada retraso producido por falta de organización, decisión o medios, es como un crimen contra la humanidad misma. Lo que sucedió en el último terremoto de Turquía fue descorazonador. Lo de los grandes terremotos de Irán y Pakistán fue incalificable. Y lo de Perú, que mejoró en mucho las marcas anteriores, no se resolvió antes de 45 o 50 horas, lo que no parece de recibo cuando cuentan los minutos y cuando el único sentido de esta intervención es la celeridad. No ignoro que hay situaciones, como la de Irán, en las que no se facilita la colaboración. Pero eso no exime al Estado de la obligación de adoptar todas las medidas necesarias para que nuestra intervención sea inmediata y se anote entre las más eficientes del mundo. Si una parte de las ayudas que se despilfarran en oenegés de dudosa fiabilidad se emplease en mantener alerta un dispositivo de intervención inmediata, que pudiese desplazarse en las primeras horas de cada siniestro, el esfuerzo de los voluntarios daría frutos cuantiosos. Y si se tuviese en cuenta que esa unidad puede ser necesaria en nuestro propio país, y para nosotros mismos, ni siquiera resulta cara ni difícil de organizar. Lo que hoy necesita Perú es dinero y bomberos especializados. El resto de la parafernalia humanitaria puede calmar conciencias pero no libera a los sepultados vivos. Y esta situación, creo, no debería repetirse.

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