Diario de León
Publicado por
MANUEL FÉLIX
León

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LA CULPA debe ser de la globalización, esa señora que está por todas partes y emite unas hondas sensoriales que hace que se confundan los tirios, los troyanos y los bercianos. Antes, cuando ibas a misa, pues eso, oías misa. Había curas que comunicaban mejor o peor, y que comulgaban más o menos con la doctrina social de la Iglesia. Hoy, vas a misa y te puedes encontrar a un alcalde como el de Oencia haciendo de bufón desde el atril en el día del año más señalado del Bierzo, el de su patrona La Encina. Estuve en primera fila viendo y oyendo el discurso de José Estanga, -ese que se hace llamar el alcalde rockero-, y como decía aquel intelectual de la horterada, me sentí confundido, y no precisamente por ser de noche. Por un momento llegué a pensar que estaba presenciando una escena más de El club de la comedia . Salía un señor del PP, con barbas que se comparaba a Jesucristo y que iba de rollito ácrata liberal, dando mamporros a esa izquierda descafeinada de coche oficial de hoy en día. Detrás tenía a un obispo agarrado ferreamente a su báculo. No sé si para evitar darle con él en la cabeza para que se callara, o para no caer al suelo del susto por lo que estaba oyendo en mitad de la misa. Ahora es así. Los tiempos han cambiado, y en esta ceremonia de la confusión, un acto religioso se convierte en un mitin político, plagado de banalidades y chistes fáciles pensados la noche anterior en medio de una borrachera mental. Eso sí, como soy del Partido Popular, y somos conservadores, yo, alcalde de Oencia, introduzco la nota colorista en una derecha de meapilas, acomplejada porque la tachen de facha. Por eso, algunos encima, van y me ríen las gracias y dejan que igual me abrace a Herrera, a la mujer de Aznar en un congreso o levante a Fraga del suelo de un achuchón para la foto. La verdad es que no vi a nadie de la bancada del PP reírle los chascarrillos a Estanga. Pero no se me va de la memoria el sonado aplauso de una parte del público asistente a la misa. Y claro, eso hace crecer al vendepatrias de Estanga, un político que presume de pistolas, que se descalza unos metros en Molinaseca para salir en la televisión como peregrino descalzo, o que cuelga el teléfono a un becario de periodismo incordión porque dice que está haciendo el amor debajo de una cascada. Pero lo que más impactado me dejó fue la propuesta churchiliana de que cada joven del Bierzo done al Consejo Comarcal «lo que cuesta un cubata» para sacarlo del marasmo económico. Vamos, buen rollito en el PP. «Guay», que diría el otro. Pero, a mí, este tipo de políticos cantamañanas no me engañan. Rascas un poco y sale más bien eso mismo; o mucho, según se mire. No voy a ser yo, como hizo Izquierda Unida, el que pondere sobre la necesidad de separar lo político de lo religioso en la ofrenda a La Encina en el Día del Bierzo. Pero, en casos previsibles como el de Estanga, había que llevar el antídoto en el bolsillo por si aparece una grieta en el vaso de la central donde se fragua la fusión nuclear. Vamos, una epidemia. Por eso, y sin que sirva de precedente, he dedicado esta crónica a un tipo que representa a un pueblo y que no se la merece. Y por ellos, mi máximo respeto, pero con matices.

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