Diario de León
Publicado por
PACO SÁNCHEZ
León

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HOY no he encontrado inspiración en los periódicos ni en el cuadernillo negro en el que anoto las bobadas que me ocurren o se me ocurren. Así que me fui a los blogs amigos. Uno de ellos, un tal Compostela, recoge la noticia de una última lección: la que impartió Randy Pausch, un profesor de 46 años en la prestigiosa Carnegie Mellon. Pausch, por lo que se ve, es un profesor popular y con cierta fama de showman. Más de cuatrocientos alumnos abarratoron el aula en la que impartió su anunciada última lección. Porque Randy Pausch, casado y padre de tres hijos muy pequeños, tiene diez tumores en su hígado y una esperanza de vida de apenas cinco meses. El hilo conductor de su última clase -que puede verse entera en Youtube- fue una especie de acción de gracias por su vida. Ayudado por una pantalla gigante, proyectó fotografías de sus padres, de los jefes que había tenido, de sus alumnos. Aquella historia tenía un corolario: había logrado cumplir todos los sueños de la infancia, pero también había descubierto que «ayudar a los demás a cumplir sus sueños resulta mucho más divertido que realizar los propios». La lección contenía mucho humor («me he convertido en el lecho de muerte: he comprado un Macintosh»), y pocos consejos. El único explícito fue un ruego a sus estudiantes: que no hicieran videojuegos con sexo o violencia («¡cuántos chavales de 19 años se quedan en blanco si les quitas esas dos posibilidades!»). Pero había algunos indirectos, por ejemplo, cuando recordaba lo que le dijo el segundo entrenador de su equipo de fútbol una tarde mala: «Si nadie te grita ni te riñe es que ya han desistido de hacer algo contigo». O una reflexión sobre los muros que uno se encuentra en la vida: «Nos permiten comprobar cuánto deseamos las cosas». Al final reconoció que había montado aquella clase sólo para grabarla y poder dejársela a sus hijos. Como debe ser.

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