DESDE LA CORTE
Cuando importan las formas
MIREN lo que ha pasado con la entrevista que Zapatero le concedió a Ibarretxe: como será el día 16, dentro de doce días, algunos dicen que el presidente tarda mucho en rechazar su propuesta de consulta popular. Otros afirman que hay que ver cómo es Zapatero: para que te reciba, tienes que amenazar con la ruptura de la unidad nacional. Falta por escuchar un tercer coro: el de quienes piensan que no hay nada de qué hablar, porque no se puede dialogar con un señor que piensa cometer una acción ilegal y contraria a la Constitución. Expongo estas posturas porque, ante el desafío -o el desvarío-del señor lendakari, las formas vuelven a ser importantes. Ibarretxe puede ser un iluminado; puede estar metiendo a su partido y a los vascos en otro lío innecesario y de forma irresponsable; pero es el jefe del gobierno autónomo del País Vasco. Como tal, la mitad de la población de ese territorio se siente representada por él. Y además, es el representante legal del Estado en esa comunidad, aunque ése no sea su primer ni principal sentimiento. Por lo tanto, no se le puede responder con menosprecio ni silencio. Hay que escucharle, aunque se sepa de antemano que no se puede pactar nada con él. Y, después de escucharle y de decirle que no cuente para nada con el apoyo ni la comprensión del gobierno central, es preciso disponerse a asistir a un ceremonial que por ahora desconocemos. Lo desconocemos, porque ignoramos qué pretende ese señor. No sabemos si quiere intentar otra reforma más razonable del Estatuto de Guernika, si quiere volver al estado libre asociado, hacer una consulta para saber cómo anda la voluntad soberanista, o simplemente provocar. En cada caso, la reacción debe ser distinta. Si trata de reformar el Estatuto, las vías están previstas: son exactamente las que siguió el primer Plan Ibarretxe para estrellarse o el Estatuto de Cataluña para «pasarle el cepillo». Si insiste en hacer una consulta -que ahora no llamará referéndum por sus inconvenientes legales-, tiene que intervenir el Poder Judicial y después la Policía. Y, si busca provocar, respondiendo a la provocación. Además, seamos prácticos. Si algo hierve y quema, hay que enfriarlo. Y en política, las cosas se enfrían con cubos de prudencia. Aquí no se trata sólo de combatir a un mesiánico. Se trata de combatir sus arriesgadas iniciativas y ganar al mismo tiempo a la opinión pública vasca. Y a esa opinión se la gana así: en la forma, con serenidad en la respuesta y esfuerzo de hablar. No vale para nada, pero da legitimidad. Y en el fondo, con sentido común: de nada sirve humillar a Ibarretxe si se echa al monte a sus seguidores. Cuando todo eso falle, será el momento de aplicar el peso de la ley.