Diario de León
Publicado por
VALENTÍ PUIG
León

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HAY EN la personalidad política de Sarkozy un elemento de aventurismo que turba su presidencia de la república francesa en un momento de alta inquietud social. Llegó al poder como una gran ola que ha ido perdiendo fuerza y que adquiere una espuma negativa con el anuncio de su divorcio. En términos de moral política, ese divorcio tiene algo de fraude electoral: los indicios son de que estaba previsto antes de la elección presidencial y que fue postergado para que el futuro presidente pudiese hacer campaña sin prescindir drásticamente de su esposa Cecilia. Los precedentes de la pareja eran turbulentos, pero la comedia continuó. Son muchos los rumores sobre un arreglo en el que Cecilia queda en buena situación económica si mantiene la debida discreción. Habrá que ver como la sociedad francesa, tan comprensiva con la vida privada de sus políticos, percibe esta circunstancia tan anómala. Mitterrand mantuvo un pequeño harén -o digamos que una doble o triple vida- hasta el día de su muerte. Danielle, su esposa legítima, y otra mujer madre de una hija estaban presentes en los funerales del Mitterrand florentino. Entre las intrigas amorosas del Elíseo, el caso más insigne es el del presidente Félix Faure, en tiempos de la Tercera República. Intensamente mujeriego, apuesto y coqueto, en una alcoba adjunta su despacho recibía secretamente a una atractiva aventurera llamada Meg Steinheil. A sus cincuenta y ocho años, Faure emprendía aquellas sesiones eróticas con ayuda de fármacos vigorizantes, a modo de Viagra. En una pausa de sus ocupaciones presidenciales, tomó esas pastillas. Se sentía ya en brazos de su voluptuosa amante. Pero, inesperadamente, llegó al Elíseo la visita de un cardenal. Era hombre de conversación prolija. La visita se alargó demasiado y luego resultó que también había llegado el príncipe de Mónaco. Fue otra larga visita. El presidente, sintiendo que el fármaco perdía efecto, se tomó otra píldora. En fin: al llegar a los brazos de su amante, tuvo un ataque de apoplejía y murió al instante. Esa es una de las grandes historias de amor del Elíseo. Ya en estos días, un fotógrafo captó sobre la mesa de Sarkozy una carta dirigida a una vieja amiga, escrita con expresividad muy intensa. Hasta ahora habían aparecido fotografías de todo signo y la pareja incluso escenificó una reconciliación, en la Maestranza de Sevilla. Significativamente, la primera noticia explícita de la separación del matrimonio Sarkozy la ha dado el semanario de izquierdas Le Nouvel Observateur . Faltaban horas para la huelga de transporte y para la cumbre informal de Lisboa. Ha sido un torpedo en plena línea de flotación. Comienza un culebrón de muchos episodios. Se pondrán a prueba los recursos mediáticos y retóricos del flamante presidente. A primera vista, un divorcio no provoca grandes rechazos de la opinión pública pero en este caso quizás se perciba una cierta estrategia de engaño y premeditación. «Le monde» ha revelado que el documento de separación ya estaba preparado en los momentos de la campaña electoral. Rasgos parecidos afectaron la presidencia de Bill Clinton, cuando negó haber tenido relación alguna con la becaria Monika Lewinsky. En estos casos, el problema no suele ser la flaqueza de la carne, sino la mentira pública. En realidad, hay ya no pocos precedentes de gobernantes que se han divorciado en pleno mandato. Fue el caso de Papandreu en Grecia, para casarse luego con una joven azafata. Siendo presidente, Nelson Mandela se separó de la nefasta Winnie. Soraya vagó enigmáticamente por el mundo después de ser repudiada por el Sha. Otros divorciados son el argentino Carlos Menem, el peruano Fujimori y el venezolano Hugo Chávez. Ahora Nicolas Sarkozy se suma a la lista. Quien sabe si Cecilia partirá en silencio o querrá tener trato de presidenta destronada. Por sus memorias cualquier editor pagaría una fortuna. Sarkozy, tantas veces acusado de bonapartismo, de nuevo imita al Napoleón que se divorció de Josefina

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